31 dic. 2009

Opera ovípara



Sí, eso es: hará chamba entre gemidos eléctricos chupando esas blancas tetas de pezones sonrosados, encendidos. Tan fácil, tan fecundo, tan sabroso, tan tara ta tan.


Donde el cielo es el único limite mi queridísima Fany, una pregunta ¿como bailarías esta canción?...


Me noto en caliente en plan macumba sexual, y tú lo sabes Fany. Mosquita muerta en tormento Stop, lo bordas.

Los barcos dentro de botellas, siempre se me han presentado como una imagen emblemática, impregnada de simbología. No se trata solo de una ingeniosa artesanía, es tal la fuerza que invoca en mí esa imagen que se me asemeja a una extraña ecuación con la cual el todo se ve reducido a una escala más pequeña, más descifrable, en donde se puede ver claro el lugar que ocupa cada cosa en relación al infinito.

Cosmogonía de la vida und simbología.

Un día sin venir a cuento, Fany, me agasajo con una de las grandes visiones de mi vida. ¿Cuál dirías que ha sido una de las grandes visiones de tu vida querido lector? Al llegar a mi casa y irme a desvestir al dormitorio me la encontré desnuda en la cama. Por supuesto no era la primera vez que la veía de ese modo y trate tal perspectiva de forma muy básica. Lo interprete como una cachondada, un, “buenas tardes” subido de tono, lo cual me parecía de altos vuelos para una tarde que se me presentaba vacía. La Fany al ver mi mirada lasciva y mis movimientos hacia ella, previo palabreo de tipo guarro me corto en seco, con tono dominante, diciéndome que me sentara en la silla que estaba delante de la cama y que me limitara a mirar. La silla a la cual se refería había pasado totalmente desapercibida hasta entonces, pues mis ojos estaban metidos en la desnudez de Fany.
Sentado en el trono como lo estaba, se representaba delante de mí una función que tenía como sustento a una chica desnuda sobre una cama con sabanas blancas. Ella abría las piernas como lo hacen las madres al traer niños al mundo, las manos se trincaban fuertemente a las sabanas, arrugándolas como si se tratara de patas de gallo. En esa posición el coño se dividía simétricamente, del clítoris emergía una línea divisoria imaginaría que pasaba por la mitad del ombligo, seguía subiendo pasando entre los pechos y ascendiendo por la barbilla de paso por la mitad de los labios, de la nariz y la frente hasta fusionarse con el ecuador.
En el segundo acto y central comenzó con unos ejercicios respiratorios cuya música estaba compuesta de gemidos y jadeos de arranque, de un inspirar y exhalar. A la sonoridad de los jadeos se le sumo la visualidad infinita de dos espejos enfrentados, uno situado encima del cabecero de la cama y el segundo situado al otro lado de la pared.
Del coño comenzó a salir algo blanco, ovoide. Pensé en un huevo, pero claro, de ese tamaño no podía ser. Poco a poco y de una forma un tanto dolorosa (¡mil placeres no valen un tormento…!) fue aflorando una bola enorme del coño. Continente fany se batía por el sufrimiento de traer al mundo tan pantagruélico huevo. Se trataba como había pensado en primera instancia de un huevo, pero no se trataba de un diminuto huevo de gallina si no digiérase ave corredora por el tamaño. Ahí estaba yo sentado, viendo como surgía la vida, desgarrando ese lindo y hermoso coño. Era diletantemente una gran visión que aglutina tantas cosas: el amor total, la vesícula natatoria, Adán y Eva, lo erótico festivo, la tortilla, a Guillermo Tell, los record guines, a la piedra filosofal, al átomo, etc. Que clase de heroína se encontraba detrás de este magnifico rito o el como lo había conseguido y muchas más preguntas estaban lejos de querer ser resueltas pues mi fascinación por el propio momento solo me dejaba admirar la cautivadora belleza del instante, 0,07 milésimas por segundo. Preguntas las que fueran no tenían cabida aquí y ahora, dentro de la ovípara visión del mundo, la opera suprema del huevo saliente, envidia de unos cuantos Salvadores Dalís.

Para cuando el huevo salio por completo el rostro de Fany dibujo una leve sonrisa y con gran parsimonia sus parpados se fueron cerrando dando paso al descanso de cada uno de los músculos de su cuerpo. Al contemplar el conjunto de la estampa: ella en la cama desnuda toda dormidita por el esfuerzo, el enorme huevo manchado con unas leves manchas de sangre dándole color y contraste, reposando en las cercanías del coño, el reflejo en los espejos tan claros y repetitivos, tan claro todo, como vidriosas las lagrimas que caían por mis ojos.

La fuerza que se quiebra; « El pájaro rompe el cascarón. El cascaron es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir el mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas. »  ** Demian.

La fuerza que se quiebra II o el gallo se va de casa.
Seque con esmero las últimas lágrimas de mi cara, después procedí a lavarme la cara con fría agua tonificante y puse la cafetera debajo del fuego. Mientras el café se hacia prepare una pequeña maleta de viaje con apenas tres mudas y una buena chaqueta. De este modo y con todos los ahorros en la maleta sucede que la inclinación de nuestro espíritu a la farsa toma por una miserable salida ingeniosa. Ingeniosa remembranza cargado de ventura, del saber del viaje, de una excusa como otra, de la inminente partida de bajar a por tabaco para ya no volver; porque mi queridísima Fany del huevo bastardo se pasa así al huevo del mundo, símbolo cósmico que se encuentra encerrado en las botellas con mensajes a la deriva por los mares del sur o sencillamente la estampida de un gallina que cree leer en los pozos del café un buen best-seller.
John Table.

24 dic. 2009

Rainer María Rilke, cartas a un joven poeta.


París, 17 de febrero de 1903

Distinguido señor mío:

Su carta me ha alcanzado hace sólo pocos días. Quiero darle las gracias por su grande y afectuosa confianza. Apenas puedo hacer otra cosa; no puedo entrar en lo que son estos versos, porque estoy demasiado lejos de toda intención crítica. No hay cosa con la que pueda tocarse tan escasamente una obra de arte como con palabras críticas: siempre se va a parar así a malentendidos más o menos bélicos. Las cosas no son todas tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer casi siempre; la mayor parte de los hechos son indecibles, se cumplen en un ámbito que nunca ha hollado una palabra; y lo más indecible de todo son las obras de arte, realidades misteriosas, cuya existencia perdura junto a la nuestra, que desaparece.


Adelante esta advertencia, solo puedo decirle, además que sus versos no tienen una manera de ser propia pero sí son callados y escondidos arranques hacia lo personal. Con máxima claridad lo percibo esto en la última poesía, Mi alma. Ahí, algo propio quiere llegar a ser palabra y melodía. Y en la hermosa poesía a Leopardi crece quizá una especie de parentesco con aquel gran solitario. A pesar de eso, estos poemas todavía no son nada por sí mismos, nada independientes ni aun el último y el dedicado a Leopardi. La ama carta que usted acompaña no deja de explicarme algunos defectos que noté en la lectura de sus versos, sin poder darle su nombre propio. Pregunta usted si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Antes ha preguntado a otros. Los envía usted a revistas. Los compara con otros poemas, y se intranquiliza cuando ciertas redacciones rechazan sus intentos. Ahora bien (puesto que usted me ha permitido aconsejarle), le ruego que abandone todo eso. Mire usted hacia fuera, y eso, sobre todo, no debería hacerlo ahora. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Hay sólo un único medio. Entre en usted. Examine ese fundamento que usted llama escribir; ponga a prueba de su corazón; reconozca si se moriría usted sí se le privara de escribir. Esto, sobre todo: pregúntese en la hora más silenciosa de su noche: ¿debo escribir? Excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si ésta hubiera de ser asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad: su vida, entrando hasta su hora más indiferente y pequeña, debe ser un signo y aun testimonio de ese impulso. Entonces, aproxímese a la naturaleza. Entonces, intente, como el primer hombre, decir lo que ve y lo que experimenta y ama y pierde. No escriba poesías de amor; apártese ante todo de esas formas que son demasiado corrientes y habituales: son las más difíciles, porque hace falta una gran fuerza madura para dar algo propio donde se establecen en la multitud tradiciones buenas y, en parte, brillantes. Por eso, salvase de los temas generales y vuélvase a los que le ofrece su propia vida cotidiana, describa sus melancolías y deseos los pensamientos fugaces y la fe en alguna belleza; descríbalo todo con sinceridad interior, tranquilo, humilde, y use, para expresarlo, las cosas de su ambiente, las imágenes de su sueños y los objetos de su recuerdo. Si su vida cotidiana le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que no es bastante poeta como para conjurar sus riquezas. Pues para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre e indiferente aunque estuviera usted en una cárcel cuyas paredes no dejaran llegar a su sentidos ninguno de los rumores del mundo.


Rainer María Rilke.

15 dic. 2009

La rebelión de las masas. collage.

John table .
Muchas veces he visto cómo una sala llena de hombres, una ciudad llena de hombres, un país lleno de hombres caían en ese éxtasis y vértigo que convierten a una multitud de individuos en una sola unidad, una masa homogénea, he visto cómo todo lo individual se apaga y cómo el entusiasmo que provoca la conformidad de pareceres, la confluencia de todos los instintos en un instinto de masas, llena a cien mil o millones de un sentimiento de superioridad, de un deseo de entrega, de un desprendimiento de la propia personalidad y de un heroísmo que en principio se manifiesta en llamadas, gritos, escenas de confraternidad con emoción y lágrimas y finalmente acaba en guerra, locura y ríos de sangre. Mi instinto de individualista y de artista me ha prevenido continuamente contra esta capacidad de hombre de embriagarse con el sufrimiento común, el orgullo común, el odio común, el honor común. Cuando en una sala, un pueblo, una ciudad o un país se hace patente este sofocante sentimiento de entusiasmo, me vuelvo frío y desconfiado, entonces me recorre un temblor y veo ya la sangre fluir, las ciudades en llamas, mientras la mayoría de mis conciudadanos, con lágrimas de entusiasmo y profunda emoción en los ojos, están aún ocupados en aclamar y confraternizar. Hermann Hesse

11 dic. 2009

1 dic. 2009

Salvajes migajas del saber




 Mierda sobre el plato en cantidades ingentes


Camareros que te agarran la cabeza desde atrás, acercan tu cara bruscamente contra el plato

Restregándotela circularmente por el plato/ es un nuevo concepto rezan algunos

Entre traquetéeles un señor toca los platillos/ esto facilita el proceso

Traen la cuenta y descubres que no te alcanza para pagar. ¿Que se puede hacer?

***

-Babeé

¡Sanitario!

-Sobre el pollo de la cocina

-Ayuda joder

¡Sanitario!

-Extírpenle la glándula babéela,

Sobre el pollo de la cocina, rápido.

Babeé

En el corazón.

Se me llena la boca de baba de un tanto peor para atrás, que risa, me parto toda la caja torácica. Si miro hacia atrás con perspectiva me veo alto, me digo a mi mismo que tío mas risa, y el mañana no existe aun en mi boca y con el discurso se llena de un babeó jugoso, si tiene cantidades ingentes de dientes la boca, por algo será.

No en serio, cuando miro hacia atrás, en plan rueda fecunda, en plan recuerdo y ver quien soy y que he sido me parece todo como doblado, un tanto romo. Es como ser súper flaco y larguirucho que me tambaleo en un caminar súper chalado como zozobrando. Que risa, creo recordar estar cubierto de materiales de buena calidad; gemas, perlas y rubíes. Al estilo de un gato amarillo con gorro de maharajá y es que el gorro le queda galán a medida y tu centrado, todo embobado en el rubí que brilla un montón, pensando; si, que me lea el futuro pero a este lo degolló y le quito el rubí ese todo caro, a ver si eres capaz de adivinar esto, cretino don gato.

Pose la cara en el muro y babeé; en efecto, para nada, por capricho, por ociosidad.

***
En consecuencia de la tierra procede el fruto materno, posee raíces profundas que nos hace estar fijos, pues cuando mamá llora ¡qué llora y mucho! queremos estar cerca y envolverla.

-No llores mamá que tu hijito (hijo mexicano en este caso) te quiere mucho y no es consuelo de tontos.

Mamá es una bella palabra, un fonema, el fonema matriz, el hijo único.

Hablemos también de rameras, por qué no.

***

Un crimen perfecto

Ni carne ni pescado. El ataúd es llevado a hombros por los amigos, rumbo al nicho. Siguen los pasos del sepulturero que les guía entre la maraña del cementerio. Detrás, arropando, esta la comitiva de familiares y allegados que acompañan al cuerpo silenciosamente. Son los últimos instantes de la triste ceremonia. Pocos son los que no permanecen pegados a alguien, hombro con hombro, en apoyo mutuo. Los otros, almas duras, solitarias, y sobretodo hipersensibles, lo evitan, pues saben que se derrumbarían y caerían a llorar como niños al más mínimo contacto de calor humano. Queda muy poco para que caiga la última chorrera de lágrimas, al ver como el cadáver es metido para siempre en el nicho y se de así por conclusa los tres momentos de una vida.

Un poco antes de que esto suceda, cerca del columbario asignado, uno de los que carga con el féretro, se ve sorprendido por una piedra que se interpone en su camino. Tropieza bruscamente, de tal forma que desequilibra el ataúd que cae por completo. El trompón es tal que el cadáver sale despedido y se golpea contra una esquina, dándose un tremendo golpe en toda la cabeza.

Los honorables presentes reaccionan rápido, aplaudiendo de forma enloquecida la suerte del fallecido pues de no estar muerto se mascaría la tragedia. Entre los aplausos una mujer grita: ¡Es el crimen perfecto! A comentario tan perspicaz le precede una subida en la intensidad de los aplausos. Es preceptivo.

***

Cavilando la hecatombe con un gesto relevante al ego me dirijo a usted para decirle; y si el moribundo ve venir un tsunami hacia su ventana, ¿que pensara? – ¡Oh delirios de mi mente!- dirá- chas, cras, que rompe la ola la ventana que se le lleva flotando alegremente pues cree delirar. La verdad del loco levantado la mano en un inocente ultimo gesto, saludando a su vecino que como el es arrastrado por la marea con o sin conciencia, Dreame. Vecino que muere ahogado entre una suerte de porquerías, dedicando los últimos momentos de su existencia a comprender el rostro de felicidad de su vecino. Los demás no lo comprendieron tú sí.

***

Esclavos que esclavizan. Telón informativo, mucho ruido, telón de acero.

Presuntamente. Ruido debajo de la cola del avión, mach por hora. Caballero por favor. En días calurosos explota el grano de maíz cual metralla salpicando de ilusiones las palomitas. Palomitas que rompen la tapa del bidón donde estaban presas, donde se almacenan. Dreame de un chicano que trabaja como limpiador en la colosal nave de almacenamiento de maíz. Días de llover palomitas y entre ellas baila el chicano, en el mejor de los musicales posibles. Dreame que rueda y canta en coreografía guiada, giro a giro, con las puntas de los pies como mandan los cánones. Saúl se llama. Micrófono barato con forma de escoba- ¡Diáspora!-No hables, no sé lo digas a la gente. Es el sueño tuyo y entre palomitas nadas.

***

Arpa impía

Del río olvido

Necesita amanecer

La mofa mal servida (…) marchito

Pináculos mas que en cama, haragán

Tu hierba contra mi pecho, el pingorotuduelo

JOHN TABLE.