11 jul. 2011

EL MARXISMO BUDISTA o la verdadera inmolación donde confluye el yo y todos ellos.



               Ahora no entiendo, no puedo comprender toda la mierda encriptada de la poesía posmoderna, me mata y me ahoga ese significado metafísico de alquimista que me recuerda por otro lado al falseamiento absoluto de los románticos, eso del sentir. Sentían en el desamor o en el  extremo que tenían con el capricho de lo imposible, sacando su ego herido para un mundo al que no estaban preparados y al cual mataron de desamor bobo. ¿Que sientes cuando caminas acaso? Acaso tu vida es ese discurso raro y amorfo de sonoridad libre irracional con mensaje oculto o de las mentes del nuevo lenguaje en búsqueda de nuevas formas de expresión sobre los mismos temas de siempre. Capullos estetas que para poder mover al mundo cambian su fachada para hablar de lo mismo.  ¿Es eso? Quizás no. ¿Ciclos? Quizás tampoco. Son los nuevos lenguajes formas más libres sin ataduras superficiales de esnobismo y súper-ego. ¿Cuánto calla el artista moderno? Poco quizás.

¿Cuánto calla Manuela que sufre de una triste vida y el niño que espera cosas? ¿Por otro lado que buen samaritano soy verdad? Cuanto más nos alejemos del discurso innovador, aquel que supuestamente es el de nuestro tiempo más sobradamente estaremos hablando con el mayor de los atributos que se le puede otorgar a las artes; el no esperar nada. El sacar la mierda. Lo otro, por Orfeo que son alardes de expresión de una mente llena de esperanza y ganas de contar al mundo las cosas de una forma pueril y comercial. Los lenguajes se intuyen milenarios. Por no decir; son milenarios.  Nos persiguen con desidia.   El desafío no está tanto en la innovación técnica si no en desprender a los sentimientos de la esperanza y la estética, de darle al lenguaje un aspecto más personal desde el punto de vista impersonal que persigue a la humanidad y a sus genios que con genialidad exaltan la voz de todos y callan tanto otros tantos, que no quieren hablarle a la humanidad en libros ni en cuadros ni en nada.  La cargas explosivas se pusieron hace mucho tiempo ahora después de mucho tiempo sabemos que no tendremos valor de hacerlas volar por los aires pues sería una inmolación de nuestro propio yo. Un suicidio altruista que esperamos  leer  en alguna desgarradora biografía para comentarla con un amigo.   Ahora y siempre. También queda patente un aspecto que siempre creímos sagrado: salir al exterior.  Debemos salir incluso no debemos salir pues lo que nos queda ahí fuera es cuanto menos hacer de los sentimientos carne de mercado, de galería, de venta de cartas, de ropa chachi,  de admiración y cartas donde conocer a ese artista al que tanto admiramos cuan cargado de idolatría que corrija toda nuestras inseguridades de seguir el rumbo. De unas fotos con los amigos en sus estudios sabiendo que un día serán impresas en libros de Tachen. Donde en el borde inferior izquierdo escribirán cualquier chorrada sobre ese momento importante que cambio para siempre el rumbo del arte.  Tan cerca esta de la vil y sana idea de saberse quien es uno mismo y el durísimo viaje que este ha de ser.   Tan fácil como buscar en los demás lo que nosotros no supimos sacar a nosotros mismo dejando de lado nuestra propia biografía y teniendo en cuenta a todos esos libros de donde sacaremos posturas y postulados de cómo ser persona artística. ¿Mamá tu eres artista? ¿Y usted señor, lo es? Que putos somos y qué fácil es salirse de la senda.  ¿De qué forma podremos salir hacia afuera sin ser hijos de puta de nuestro tiempo? No sé si pudimos elegir, sobre eso de correr contra uno mismo y la leche cargada de pus que nos dieron al nacer. No tardaremos en ver nuestros libros en las librerías y que se hable de nosotros, eso está claro. ¿Cuánto calla el artista moderno? Poco quizás.  ¿Cuánto calla la filosofía? Poco quizás.

Será que quiero que no me toques.  El hijo de Theo Van Gogh ¿Papá, papá, por qué el tío Gogh espera cosas de los demás?  ¿Papá es verdad que es divertido ver sus cuadros en los museos para ver lo divertido que es prostituir los sentimientos de los demás?  Theo Van Gogh: Creo que Vicent, mi hermano, tu tío,…era un holgazán de primera, tú no has de seguir sus pasos ¡Me has oído! ¡Papá tengo mucha pena por el tío pero también creo, papá, que necesitamos de gente como el tío para poder disfrutar de la vida! ¡Ellos llenan los museos para que podamos venerar la locura humana! ¿Verdad Papá? Papá cuando muera quiero que me entierren junto a nuestro pajarito. Sobre los pájaros: Estoy en la jaula, estoy en la jaula y nada me falta… ¡Tontos!  ¡Tengo todo lo necesario! ¡Pero por Dios con minúsculas, necesito la libertad, ser un pájaro como los demás!

EL MARXISMO BUDISTA o la verdadera inmolación donde confluye el yo y todos ellos.
Término acuñado por el afamado artista que unificara el saber de la búsqueda  (El sufrimiento puede extinguirse cuando se extingue su causa) con la lucha de clases y exaltando la sociedad ideal como aquella  sociedad libre, comprometida y carente de egoísmos tales como el derecho a la propiedad privada. Tomando como partida y final la búsqueda del nirvana. Donde el individuo como tal tiene un espacio enorme (noble óctuple sendero) y donde su alias se pierde para siempre en los anaqueles de la súper-masa hormiguero, que salvaguarda y desvincula a los hombres de todos sus apegos ancéntrales. Por lo tanto en este modelo de sociedad el arte seria abolido de forma total, pues esos individuos no se verían en la necesidad de salir hacia afuera si no de emprender una búsqueda interior sin nombres y sin biografías. Todos unidos bajo el poder de la dictadura del proletariado, sin atributos ni fanfarrias de vanguardia. Si intuyes la levedad pronto callaras pero si intuyes la levedad y sigues adelante pronto serás un afamado artista lleno de billetes y gachís que te sepan abrochar los botones. 

John Table