28 ene. 2014

La sombra de un Palo



Apago el ordenador. Si es como yo creo que es, me pregunto que clase de sueño sigue al apagar el ordenador, acaso dreame. Para cuando se rompe se muere. Son enfundadas las esperanzas de que el código binario salvara nuestros recuerdos aun cuando nos hayamos apagado. La esperanza no es mía. Es sobre lo que sucede al acostarnos y al apagar el ordenador. Se reorganizan las ideas dicen. No me interesa. Me interesa el daño causado por las comparaciones. Por la acumulación de capas. Rota la memoria, rotos. Un hijo abre el ojo. No sabemos lo que sucede al escribir ni mucho menos cuya sombra tapa y protege a los objetos, dentro las comparaciones, el rey fagocitador, símiles , metáforas que le otorgamos al mundo. El teclado habla, bla, bla, bla. Es rápido y astuto. Dice estar más cerca de la punta de la lengua que de otros órganos. Borrón y cuenta nueva dentro de lo que denunciamos y acrecentamos. Puerco diccionario, obituario de una fluidez ajena al tacto y al oído aplasta por siempre la comprensión. No es ni tan siguiera una rueda fecunda, un ciclo que se repita, son miles de hojas que no saben apenas de las otras hojas de los otros libros, de los no-libros, mal masticar que se caen los dientes sin llegar a saber leer entre lineas. Mi discurso se recrudece contra la patria que dice ser sólida tierra de individualidades colectivas y no sé que juego de palabras enfrentadas, para nada desnudas. Rotos los objetos de rotundos significados, ya no vale eso. Si ni tan siguiera quiero decir que romper objetos valga la pena por lo menos para la mente. Es el viraje, escupir pus. Sugerir piel o querer agacharte ha oler el suelo. Como si las imprentas antiguas, calientes de tinta mataran más que nunca. Denuncio al anuncio. Ayer. No creo que nadie pueda explicar lo del ordenador con frescura, dirán algo rítmico y científico para que me vaya tranquilo y al marcharse desmotar el ordenador y buscar en el, no sé tal vez palabras que no me hagan buscar nada, gusto metálico y placas, ver de esa otra forma- Nadie sabe a donde van a parar los detritus. Se paran en la mente, en la biblioteca infernal. Como si narrar fuera hacerlo desde las fotos de varios colores recién impresas, como si un oficio matara al otro confundiendo la voz con el narrador el pensamiento con la idea. Revelarnos contra el sistema nervioso dicen algunos. Laxa tarea, frases cortas con acento sureño y mesianismo denunciador de lo perimetral sin apenas odiar las chaquetas de pana. La base no es que este podrida es que los que constatan su existencia la niegan, la definen. ¡Dejen paso carajo, malditos ismos!


La sombra de un palo. Abás.
Aki.