Llega a su cuarto después de un magnifico día; has visto cosas, notado cosas. Haces acopio de dulzura, bailas y ¡sientes cosas! ¡Es el verbo feliz! Te metes en la cama y cantas bellas serenatas ¡están dentro de ti! – Es la alegría tifoidea. Es el baño en el rió con ella. En adelante todo será ligereza y amor. Cierras los ojos dentro de la camita, bien tapado, bien fresco. En tono sencillo con la oscuridad de los parpados bajados piensas en Kachiri. Tu brazo se acerca de modo instintivo hacia el interruptor. Apagas la luz y abres los ojos y todo sigue oscuro, ¡Qué bella es Kachiri!, ¡Qué ricas sus mejillas! En medio de la negrura decides llamar a todo esto intimidad. JOHN TABLE.
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18 jun 2009
El verbo feliz
Llega a su cuarto después de un magnifico día; has visto cosas, notado cosas. Haces acopio de dulzura, bailas y ¡sientes cosas! ¡Es el verbo feliz! Te metes en la cama y cantas bellas serenatas ¡están dentro de ti! – Es la alegría tifoidea. Es el baño en el rió con ella. En adelante todo será ligereza y amor. Cierras los ojos dentro de la camita, bien tapado, bien fresco. En tono sencillo con la oscuridad de los parpados bajados piensas en Kachiri. Tu brazo se acerca de modo instintivo hacia el interruptor. Apagas la luz y abres los ojos y todo sigue oscuro, ¡Qué bella es Kachiri!, ¡Qué ricas sus mejillas! En medio de la negrura decides llamar a todo esto intimidad. JOHN TABLE.
-Kachiri- hija de la selva
Camina por la selva, muy dentro de la fiesta verde disfruta desnuda de su alrededor. Su piel es asquerosamente rica, rica de morder y besar. Se dirige hacia el río. La sigo sigiloso sin que sepa que estoy, pertenezco al pueblo invisible y no sabe que la quiero invitar a bailar.
De regreso y con la cesta repleta de cangrejos vuelve al poblado. Sus pies, su culo, su cadera ¡levantan vapores en mí! Preparo el gramófono haciendo girar la manivela. Para cuando la primera nota suena la sorprendo saliendo de súbito detrás de un árbol y agarrándola por las caderas, pegándome a ella con fuerza la invito a bailar ¡Qué dulce sensación! ¡Que carita de susto! ¡Que buena música! Juntos recogemos los cangrejos caídos y dejamos la cesta nuevamente llena en el suelo, en el medio del camino para alejarnos juntos, juguetonamente hacia el río.
JOHN TABLE.
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