20 may 2009
Cuasicristalina
12 may 2009
Semen y antropología con Marvin Harris.
8 may 2009
Las uvas de la ira.

Cincuenta centavos no es suficiente por un buen arado. Esa sembradora me costó treinta y ocho dólares. Dos dólares quédeselo y quédese otro poco de amargura con ello. Quédese la bomba y el arnés. Quédese con los ronzales. Los collares, los arneses y los tiradores. Quédese también los pequeños objetos de bisutería, rosas rojas bajo el cristal. Los compré para el bayo castrado. ¿Recuerdas cómo levantaba los cascos al trotar? Chatarra acumulada en el patio. Ya no puedo vender un arado de mano. Le doy cincuenta centavos por el peso del metal. Ahora los discos y los tractores. Bueno, cójalo todo, toda la chatarra y déme cinco dólares. No compra sólo desperdicios, está comprando vidas desperdiciadas. Aun más, ya lo verá, está comprando amargura. Comprando un arado que pasará por encima de sus propios hijos, y los brazos y las almas que le podrían haber salvado. Cinco dólares, no cuatro. No puedo llevármelo todo otra vez…Bueno, quédeselo por cuatro. Pero le advierto que está comprando algo que pasará sobre sus hijos. Y usted no se da cuenta. No puede verlo. Tómelo por cuatro. ¿Qué me da por el carro y el tiro? Esos hermosos bayos están conjuntados, en color y en forma de andar, paso a paso. En el tirón, tensando grupas, sincronizados al segundo. Y por la mañana, cuando les da la luz, bayos de color claro. Miran por encima de la cerca mientras huelen al aire buscándonos, y las orejas tiesas se giran para oírnos ¡Y esas crines negras! Yo tengo una niña a la que le gusta trenzarles las crines y las guedejas y ponerles lacitos rojos. Le gusta hacerlo. Pero ya no lo hará más. Le podría contar cierta divertida historia de esa niña y el bayo de allí. Le haría gracia. El caballo de allí tiene ocho años y éste de aquí diez, pero por la forma de trabajar juntos que tienen podrían haber sido potros gemelos.¿Ve? los dientes. Todos en buen estado. Pulmones hondos. Cascos finos y limpios. ¿Cuánto? ¿Diez dólares? ¿Por los dos? Y el carro… ¡Por dios santo! Antes los mato y que sean comida para perros. ¡Bueno cójalos! Quédeselos deprisa. Está comprando una niñita trenzando guedejas, quitándose la cinta del pelo para hacer lazos, de pie, con la cabeza ladeada, frotando los suaves belfos con la mejilla. Está comprando años de trabajo, de esfuerzo bajo el sol; está comprando un pena que no puede hablar. Pero espere y verá. Con este montón de chatarra y estos bayos, tan bonitos, va una prima un paquete de amargura que crecerá en su casa y florecerá algún día. Le podíamos haber salvado, pero nos ha derribado, y pronto usted será derribado y no quedará de nosotros para salvarle. Y los arrendatarios regresaron caminando, con las manos en los bolsillos y los sombreros calados hondos. Algunos compraron una pinta de licor y la bebían deprisa para recibir un impacto fuerte que les aturdiera. Pero no reían, ni bailaban. No cantaban ni cogían la guitarra. Caminaron de vuelta a las granjas, las manos en los bolsillos y la cabeza gacha, levantando el polvo rojo con los zapatos. Tal vez podamos volver a empezar en la nueva tierra rica, en California, donde crece la fruta. Volveremos a empezar. Pero tú no puedes empezar. Eso sólo lo puede un bebé. Tu y yo… pero si somos lo que pasado. La ira de un momento, mil imágenes, eso somos nosotros. Somos esta tierra, esta tierra roja; y somos los años de inundación y los de polvo y los de sequía. No podemos empezar otra vez. La amargura que le vendimos al chatarrero… sí que la tiene, pero nos queda todavía. Y cuando los hombres de los propietarios nos dijeron que nos fuéramos, eso somos nosotros; y cuando el tractor derribó la casa, eso somos hasta que muramos. A California o a cualquier parte… cada uno será el director de su propio desfile de dolor y agravios, marcharemos con nuestra amargura. Y un día los ejércitos de amargura desfilarán todos en la misma dirección. Caminarán todos juntos y de ellos emanará el terror de la muerte. Los arrendatarios volvieron a las granjas arrastrando los pies entre el polvo rojo. Cuando todo lo que podía venderse se hubo vendido, los fogones y armazones de camas, sillas y mesas, pequeñas armarios rinconeros, bañeras y cisternas, aún quedaron montones de cosas; las mujeres se sentaron entre ellas, dándoles vueltas, mirando lejos y volviendo la vista a ellas….., John Steinbeck
22 abr 2009
Van gohg

En esta carta hacía un resumen despiadado de su existencia. Estaba seguro de una sola cosa: «He de seguir el camino, que he emprendido; si no hago nada, si no estudio, si no busco, estoy perdido !Pobre de mi entonces!»
12 abr 2009
Establishment
6 abr 2009
PAN
2 abr 2009
¡Oficina Moscú brodel!
Muselina: http://www.youtube.com/watch?v=iYvAdCbCj2I.
Vea atentamente, gócelo… y después lea.
¡Oficina Moscú, broder!
Intensidad
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Exacerbación: aumento de intensidad.
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Exaltación: excitación muy intensa causada por un sentimiento positivo o negativo.
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Exasperación: irritación muy intensa. «Poner a alguien muy enfadado o inquieto, haciéndole perder la paciencia o el aguante».
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Excitación: aceleración de los procesos psíquicos; pérdida de control y objetividad.
Dentro de esta excitación —que también puede ser física— hay una gradación:
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Enajenación: pérdida completa de control; locura.
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Frenesí: exaltación violenta de una pasión, que se manifiesta en movimientos descompuestos.
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Paroxismo: antes un término patológico; hoy, «exaltación violenta de una pasión».
Muy lejos de todo esto está el ansío exquisito de la antigua Rusia.
¿Quieres ver cómo puedo romperlo contigo rápido y veloz?
Un director de departamento, que en breve aplastará a su secretaria más por la frustración de una vida gris que por sus escasos errores, se acerca y le dice que en unos minutos debe estar en su despacho para mecanografiar el informe mensual.
Dentro, se escucha una queja de amor de un hombre que ya no sabe qué pensar. Es una queja brutal:
Por el presente documento, a día diecinueve de marzo de 1967, dejo constancia… Bla, bla, bla, coma, bla, bla, bla, punto. Svethana.
Puntos y comas que no eran del agrado de la secretaria; más tarde los cambiaría. El panoli de su jefe quizá no conocía las reglas de puntuación, y después —acero ruso— alguien podría pensar que la secretaria del señor Kogol era incapaz de poner un punto donde va y una coma donde corresponde.
—Señorita Svethana, acuda a mi despacho, por favor.
—Sí, señor director (¿Qué querrá este viejo ahora?).
Orden y limpieza por todas partes.
—He revisado el documento que pasó hace una hora y debo decirle que hay algo extraño.
—¿Quiere redactarlo de nuevo, señor? ¿Hacer algún cambio?
—No exactamente.
—Usted dirá, señor.
—Veo que ha corregido la musicalidad del texto, añadiendo y cambiando comas y puntos que yo jamás indiqué. ¿Es eso cierto?
Más orden por todas partes.
—No entiendo, señor.
—No me venga con bobadas. ¿No es verdad que este texto ha sido alterado con intención, en base a lo que salió de mi boca?
Frío fuera y estufas dentro.
—Bueno, señor… pensé que, quizá con las prisas, no se habían colocado bien. En mi segunda revisión los ajusté como aprendí, pero créame: lo hice por eficiencia.
—¡Se mofa usted de mí, morsa inmunda! Yo tengo un concepto sublime de la musicalidad de los textos, muy por encima de cualquier norma inocua de gramática. Si yo digo “aquí coma” y “allá nada”, usted transcribirá eso. Olvídese de enumeraciones, incisos, ampliaciones, vocativos y demás patrañas. Limítese a mi partitura oral.
Además, no es la primera vez que lo noto en estos dos últimos meses bajo mis órdenes.
—Le pido disculpas, señor, pero…
—Déjese de disculpas (putilla) y, desde ahora, ponga lo que yo digo o me veré obligado a prescindir de sus rusos servicios.
—Sí, señor Kogol. (Industria pesada.)
—A mi regreso de Moscú, espero que todo esté ordenado y terminado, siguiendo la presentación del sistema de hierro: maquinaria simple y dura.
En ese instante, la puerta se abrió de un portazo seco. La Oficina Moscú se llenó de gente caribeña. Ya sonaba un frenesí alegre y sudoroso: la clave marcaba el compás.
—¡Esa melodía, papi! —gritó alguien al fondo.
Los dos rusos se miraron atónitos, pero aceptando, de algún modo, aquel absurdo de tipo B.
El cantante vociferaba:
—¡Señoras y señores, vamos a gosal con la descarga sonara!
Los coros respondían: “u-ja, u-ja, u-ja… Vamos, Micaela, se votó, ay Micaela, ay, ay, ay, cuando baila…”.
Atrás quedó la maquinaria pesada y el orden soviético. Entró la maraca, el bugalú y la tremenda gozadera en la pequeña constelación de la Oficina Moscú.
—Señores, miren cómo esa rica mulatita mueve su… u-ja, u-ja, ay qué calor, qué ardor… miren cómo baila Micaela.
—¿Qué es esto, señorita? —preguntaba Kogol, disimulando que se lo estaba pasando bien mientras bailaba dulcemente al son de la música y dejaba su chaqueta en la silla.
Alguien le sirvió un vaso de ron que bebió de un trago. Agarró a la fría y guapa Svethana, que intentaba explicar —sin mucho empeño— que no sabía por qué ni quién había montado el guateque, y que tampoco entendía por qué hablaba así. Entre tanto, le picó el ojo al cubanito del fondo, vestido con una nota muy linda.
Seguía entrando gente: todos con la salsa en la sangre.
—¡Vamos todos juntos! ¡Candela! —gritó Kogol.
El descaro y el frenesí se apoderaron de Svethana. Llegó la rueda de casino. Un joven bien plantado sacó a bailar a una muchacha con un traje blanco erótico, de esos que dejan ver un cuerpo bello, bello de verdad, y no esos trajes guapos que esconden feos desnudos.
Siempre se dijo: “Qué cosa más linda un traje feo y basto sobre un bonito desnudo”. Y si se juntan traje bonito y cuerpo bonito, pues que se junten.
La fiesta seguía. Dentro del despacho, algunos ya tenían demasiado ron en la cabeza. Carlitos —dos metros—, el negro, repartía puros. La música vibraba: de la rueda salía un “dile que no”, un “adiós”, las parejas entraban y salían, mostrando sus mejores figuras. Una pareja saltó marcando pasos complicados: “adiós, hermana”, “un enchufe”, “la perita”… El baile siguió con gran despelote.
Un objeto caleidoscópico trajo de golpe un viento que borró hasta el último vestigio de la vaina, como en un videoclip. Dio paso a otra cosa y regresó la vida soviética.
Quedó apenas el ron en la boca del superintendente, una pizca de sudor en el cuerpo de Svethana… últimos rastros de algo. A las cinco, ambos partieron a sus hogares, como dictaba el comité. Callados, rumbo a la vida ordenada de las afueras.
Al día siguiente, Kogol entró con su maletín de cuero al despacho donde, hacía media hora, la joven secretaria —y sus pezones, que él no lograba olvidar— trabajaban.
—Buenos días, señor Kogol —dijo ella, creyendo ver una complicidad fugaz en su mirada.
¿Quizás por algo de ayer?, pensó. Pero no tenía la certeza ni el valor para preguntarlo.
Él la miró serio. Por un instante se relajó, sintiendo un buen recuerdo con ella. Una duda voló por su mente, pero enseguida volvió a su afán de vilipendio, golpeando con fuerza la mesa.
Le dejó la carta de despido. Sin palabra, se dirigió a la puerta. Antes de salir, se volvió:
—La nueva secretaria vendrá en quince minutos. Deje todo recogido, putilla, señorita… como se llame. Adiós y buenos días.
John Table
1 abr 2009
Caminar
31 mar 2009
Puté
27 mar 2009
Trópico de Cancér
25 mar 2009
Fresas en el bosque y pulpo en la pescaderia
23 mar 2009
Ellos saben
!salta de la cama mujer!
18 mar 2009
Tiempos modernos
Instrucciones de uso: "cultura" fría lea muy rápido con esta musilina*; http://www.youtube.com/watch?v=QrzGpVOPcTI*/
*Musilina:Término acuñado en la modernidad, de la música hecha para acompañar de fondo un texto.
Mi haiku moderno: Ráfaga de metralleta
Una rana abre los ojos.
Vietnam.
John Table
Yimbo como nombre propio
La transmutación de los buques que salieron de la bahia de Conver
Que el universo esta en constante creación lo sabemos todos menos Dios. Cuando Dios hizo el edén (Dios es único, eterno y abstracto) tuvo que hacerlo como me ocurre a mí a menudo con cierto grupo de ideas. El Génesis: Sintió la necesidad de hacer las cosas que tantas veces había pensado he imaginado cuando sabes, sientes y notas en tus tripas que el tiempo de la creación se difumina por culpa, como culpa el tiempo. Es irrevocable, no se puede dejar pasar ni un segundo más. Cuando siento miedo de tener que afrontar algo que no me gusta hago todo lo que me gusto hacer desde hace un tiempo y no hice, haciéndolo de manera alocada he intentado terminarlo todo o casi todo. Esto viene dado porque sabes y él lo supo que hay cosas que se hacen en un tiempo determino o el tiempo las termina por cambiar tanto que ya no crees en ellas sobretodo si se trata de las ideas de la creación. Si sientes el brazo ejecutor cerca te apresuras, bueno por lo menos yo y Dios sí lo hacemos de ese modo, te apresuras con fuerza y ahínco con lo cual los resultados pueden ser rápidos y mal hechos o bien una obra maestra de la explosión indostánica que estuvo en ti y vomitas al fin al mundo y a medida que estas con ella más tiempo más te gusta y a la inversa. Lo más fantástico de lo fantástico es que lo fantástico ha dejado de existir; ahora sólo hay realidad. Digamos que este proceso creativo es el que más disgustos y alegrías me da, el que posee más fuerza emotiva en las dos direcciones. La transmutación de los buques que salieron de la bahía de Conver; esto es lo que quería crear.