20 may 2009

Cuasicristalina




















  Desierto. El café da fe. La casa es redonda con el techo de madera, si lo ves desde dentro es como el esqueleto de una ballena. Tiene tejas largas como uñas de porcelana y en el centro hay un tragaluz con una pequeña entrada que crece hacia dentro. La casa está en medio de un valle. El salón es amplio, el suelo es de mármol blanco y la casa entera es el salón que como único soporte tiene seis columnas desnudas en roca roja. Las paredes son unos enormes ventanales, en el centro de la habitación hay una mesa de madera maciza y una silla del mismo material; es clásica y con formas orgánicas, digamos que está bien doblada. En la silla hay un hombre que viste ropajes de seda blanca, no tiene barba pues no le crece, toma café en una taza sin hazas y remueve el contenido con una cuchara de oro puro. En el centro de la mesa un pequeño círculo, del que sale una línea en ambas direcciones. Bajan por las patas una a cada lado, son de oro incrustado con un centímetro de ancho. Las líneas siguen su camino por el suelo en direcciones opuestas, ambas seden y al final converge, pero de pronto se separan, les gusta está travesura, juegan a disponer formas con simetría decagonal perfecta. Al final y un poco antes del crepúsculo salen por la puerta unidas en una misma línea un tanto más gorda. Como una veta tocan la tierra y se pierden en el subsuelo. La taza está vacía y el café en el estomago reposa. El sol cae. Llega la noche y antes que la Luna se vea, el suelo desprende un poco de luz. El firmamento también tiene luz propia y en él se marcan miles de puntos de colores azules, amarillos y algunos rojos. Destellos de las galaxias. La Luna sale, si te acercas a las ventanas y te sientas en el suelo frio, la veras enorme y unas delicadas cuerdas sonaran pasando cerca, por detrás de los sueños. Sin que se vea hay un fino colchón que se esconde con unas cuerdas por debajo de la mesa. Lo abres y te dispones a dormir, todo es extraño y quieres volver a tu casa.

12 may 2009

Semen y antropología con Marvin Harris.

Nada de poesía, ir al núcleo de las cosas. El mar empequeñece al barco ballenero que lucha entre las olas y las peligrosas corrientes que les pueden aplastar contra las rocas y hacer trizas toda la masa de huesos y carne de los intrépidos cazadores de ballenas. Son valientes y nadie lo pone en duda. Un arpón se clava en la espalda y atraviesa con gran dolor al animal hasta que la carga explosiva que se aloja en el núcleo de las cosas explota y mata por fin a la ballena. Arriba el capitán mira todo desde su atalaya y como si se tratara de una cuchillada que se lanza contra alguien de manera sorpresiva directo a la yugular, una línea de sangre caliente en gotas llena su cara. El animal es subido por la plataforma para su posterior despiece, en la cubierta los hombres están impacientes y ávidos de carne apuraban el afile de cuchillos. El capitán esta ahora con los chicos contemplando el espectáculo de tripas, grasa y el vaivén de las olas con el sabor en la boca de las cosas bien hechas. Pronto como mandan las normas, alguien separó la enorme polla del cetáceo para ofrecérsela al capitán que con gran energía levanta el miembro de más de cien kilos sobre su cabeza acompañado de un enorme grito que es repetido por todos y cada uno de los componentes de la tripulación. Mientras el enorme océano se lleva a escondidas sus voces. La llegada a puerto está marcada por otra vieja tradición vinculada, como no, al pene de ballena. El capitán se dirigirá arrastrando el pollón hacia su hogar y entrando por la puerta de la cocina que abrirá de una patada donde la esposa le tiene que esperar preparada para la cópula. Sin decir palabra el capitán romperá con el pene de ballena la mesa de la cocina que él mismo construyó meses atrás antes de la partida como un acto simbólico, dando por terminado una parte del continuo ciclo de destrucción construcción. Una vez que la mesa queda bien rota el macho debe acercarse a la esposa y romperle la ropa de un solo y salvaje gesto, y ésta, al verse desnuda y terriblemente excitada ante la descarga viril de su dueño y esposo se lanzara a chupársela, lamiendo con inmensas ganas la tiesa y dura polla. La lengua ha de comportarse como una toallita hidratante que deje bien hidratada una superficie seca; deberá también tragársela por completo sin olvidar mirar a los ojos del macho, que se verá obligado a dar unos terribles aullidos de placer que dejaran ver en su cuello las grandes venas que se agitan bombeando sangre por todo el cuerpo. En estas primitivas culturas las venas marcadas en el cuello son recogidas como señal de virilidad. La fase final del ritual será la consagración sacro religiosa que viene dada por la puesta del pene entre la nariz y la frente, donde en suave reposo debe permanecer mientras expulsa el semen que ha de resbalar por la cara de la hembra. En este punto el macho dará gracias por volver sano y salvo una vez más a casa dando así por concluido otro ciclo vital de la vida de los pueblos balleneros. John Table

8 may 2009

Las uvas de la ira.

 




















Cincuenta centavos no es suficiente por un buen arado. Esa sembradora me costó treinta y ocho dólares. Dos dólares quédeselo y quédese otro poco de amargura con ello. Quédese la bomba y el arnés. Quédese con los ronzales. Los collares, los arneses y los tiradores. Quédese también los pequeños objetos de bisutería, rosas rojas bajo el cristal. Los compré para el bayo castrado. ¿Recuerdas cómo levantaba los cascos al trotar? Chatarra acumulada en el patio. Ya no puedo vender un arado de mano. Le doy cincuenta centavos por el peso del metal. Ahora los discos y los tractores. Bueno, cójalo todo, toda la chatarra y déme cinco dólares. No compra sólo desperdicios, está comprando vidas desperdiciadas. Aun más, ya lo verá, está comprando amargura. Comprando un arado que pasará por encima de sus propios hijos, y los brazos y las almas que le podrían haber salvado. Cinco dólares, no cuatro. No puedo llevármelo todo otra vez…Bueno, quédeselo por cuatro. Pero le advierto que está comprando algo que pasará sobre sus hijos. Y usted no se da cuenta. No puede verlo. Tómelo por cuatro. ¿Qué me da por el carro y el tiro? Esos hermosos bayos están conjuntados, en color y en forma de andar, paso a paso. En el tirón, tensando grupas, sincronizados al segundo. Y por la mañana, cuando les da la luz, bayos de color claro. Miran por encima de la cerca mientras huelen al aire buscándonos, y las orejas tiesas se giran para oírnos ¡Y esas crines negras! Yo tengo una niña a la que le gusta trenzarles las crines y las guedejas y ponerles lacitos rojos. Le gusta hacerlo. Pero ya no lo hará más. Le podría contar cierta divertida historia de esa niña y el bayo de allí. Le haría gracia. El caballo de allí tiene ocho años y éste de aquí diez, pero por la forma de trabajar juntos que tienen podrían haber sido potros gemelos.¿Ve? los dientes. Todos en buen estado. Pulmones hondos. Cascos finos y limpios. ¿Cuánto? ¿Diez dólares? ¿Por los dos? Y el carro… ¡Por dios santo! Antes los mato y que sean comida para perros. ¡Bueno cójalos! Quédeselos deprisa. Está comprando una niñita trenzando guedejas, quitándose la cinta del pelo para hacer lazos, de pie, con la cabeza ladeada, frotando los suaves belfos con la mejilla. Está comprando años de trabajo, de esfuerzo bajo el sol; está comprando un pena que no puede hablar. Pero espere y verá. Con este montón de chatarra y estos bayos, tan bonitos, va una prima un paquete de amargura que crecerá en su casa y florecerá algún día. Le podíamos haber salvado, pero nos ha derribado, y pronto usted será derribado y no quedará de nosotros para salvarle. Y los arrendatarios regresaron caminando, con las manos en los bolsillos y los sombreros calados hondos. Algunos compraron una pinta de licor y la bebían deprisa para recibir un impacto fuerte que les aturdiera. Pero no reían, ni bailaban. No cantaban ni cogían la guitarra. Caminaron de vuelta a las granjas, las manos en los bolsillos y la cabeza gacha, levantando el polvo rojo con los zapatos. Tal vez podamos volver a empezar en la nueva tierra rica, en California, donde crece la fruta. Volveremos a empezar. Pero tú no puedes empezar. Eso sólo lo puede un bebé. Tu y yo… pero si somos lo que pasado. La ira de un momento, mil imágenes, eso somos nosotros. Somos esta tierra, esta tierra roja; y somos los años de inundación y los de polvo y los de sequía. No podemos empezar otra vez. La amargura que le vendimos al chatarrero… sí que la tiene, pero nos queda todavía. Y cuando los hombres de los propietarios nos dijeron que nos fuéramos, eso somos nosotros; y cuando el tractor derribó la casa, eso somos hasta que muramos. A California o a cualquier parte… cada uno será el director de su propio desfile de dolor y agravios, marcharemos con nuestra amargura. Y un día los ejércitos de amargura desfilarán todos en la misma dirección. Caminarán todos juntos y de ellos emanará el terror de la muerte. Los arrendatarios volvieron a las granjas arrastrando los pies entre el polvo rojo. Cuando todo lo que podía venderse se hubo vendido, los fogones y armazones de camas, sillas y mesas, pequeñas armarios rinconeros, bañeras y cisternas, aún quedaron montones de cosas; las mujeres se sentaron entre ellas, dándoles vueltas, mirando lejos y volviendo la vista a ellas….., John Steinbeck

22 abr 2009

Van gohg

 














En esta carta hacía un resumen despiadado de su existencia. Estaba seguro de una sola cosa: «He de seguir el camino, que he emprendido; si no hago nada, si no estudio, si no busco, estoy perdido !Pobre de mi entonces!»
Ni siguiera estaba seguro de la meta perseguida con esta búsqueda, y menos aún de si alguna vez iba a alcanzar la meta de la que tenía una vaga idea. Solamente podía tener esperanzas. Escribió : « No cuento con ello . Quizá no ocurra nunca, pero si se presentara un cambio para mejor, lo consideraría como una victoria, me alegraría poder decir: ¡Al fin! Había algo detrás de todo ...».
Era una singular visión del futuro. Nadie, salvo su hermano, hubiera comprendido estas palabras. Pero Theo sabía que era un hombre pasional y se dejó convencer de que tal plenitud de pasiones tendría que dar su fruto algún día. Por lo demás, Vicent decía abiertamente que " era un holgazán" pero un holgazán especial .
« Existen holgazanes por indolencia y debilidad de carácter, por bajeza de naturaleza. Si piensas en esas cosas de mí, puedes considerarme como uno de esos. Pero existen otros holgazanes, el que lo es contra de su voluntad, que se consume en su interior, por el vehemente deseo de una actividad, que no hace nada porque le resulta imposible hacerlo, porque vive prisionero de algo, porque no tiene lo que necesita para ser productivo y porque así lo ha dispuesto su infortunio; un hombre así, algunas veces no sabe ni él mismo que puede hacer, pero siente instintivamente : ¡No obstante, sirvo para algo,tengo derecho a la existencia! Sé que podría ser un hombre totalmente distinto. Pero, ¿ en qué podría ser útil, para qué podría servir ? Tengo algo detro de mí... pero ,¿qué?» .
Este es un holgazán completamente distinto. Si quieres, puedes considerarme uno de éstos.
« Un pájaro en su jaula sabe muy bien , en primavera, que hay más para lo cual sirve, sabe muy bien que hay algo que hacer, pero no puede. ¿Que és? No puede recordarlo muy bien. Le vienen entonces vagas ideas y se dice: " Los otros construyen nidos, tienen pajaritos y crían nidada", entonces, se da cabezazos contra los barrotes de la jaula, pero la jaula sigue ahí y el pájaro está loco de dolor. "Mirad qué holgazán - dice otro pájaro que pasa volando es como un jubilado". Pero el prisionero sigue vivo y no muere; nada de lo que pasa en su interior puede apreciarse exteriormente; está bien de salud y cuando luce el sol se siente más o menos alegre.
Entonce viene el tiempo de las aves migratorias . Una depresión. "Pero tiene todo lo que necesita" dicen los niños que le cuidan en su jaula. Más él ve el cielo tormentoso, y en su interior siente " Estoy en la jaula, estoy en la jaula y nada me falta...¡Tontos! !Tengo todo lo necesario! Pero por dios, necesito la libertad, ser un pájaro como los demás...!
Van Gohg

12 abr 2009

Establishment

Establishment Explorar desde la estética periclitada de la mesa de ping-pong, eso es lo que hay que hacer en verano sobre las siete de la tarde. La vieja mesa está cambada, abombada y sucia, pero te lo pasas bien y te exageras a ti mismo haciendo énfasis en lo bueno que eres golpeando la bola, haciendo efectos y mateando, te dices ser algo durante el partido, das cuenta de tus victorias y remontadas épicas, pero no dices gran cosa de lo otro. El partido acaba y bebes agua. Has jugado bien, o no tanto. Has sentido cosas, como atascamiento de la progresión de tu juego, lo que te ha hecho jugar con poca seguridad, es posible que tu juego te haya aburrido, pero no pasa nada, el otro tenía peor día y le has aplastado. Ambos contrincantes bebemos agua en la cocina, pero tú vuelves a la terraza, al campo de batalla donde disfrutas matando las tardes. Hay un aire como de decadencia, pero de tipo dulce, como en La Habana, y miras las amplias vistas de la cuidad. El sol se agacha ya. Sobre la mesa de la terraza descansa un teclado Casio modelo CTK-50 y aprietas las teclas jugando, le das al power off y pones las melodías más molonas que se incluyen en la memoria. Están: cumpleaños feliz, la cucaracha, para Elisa, etc.… Ya lo dominas un poco más y lo enchufas a los enormes altavoces que tu imaginación quiere ver, son mas grandes de los que tu inventiva imaginaba pero no los vas a devolver. Ahora llevas el pelo hacia atrás, gafas modernas, una chaqueta de plata con un pantalón negro de látex. –musilina- http://www.youtube.com/watch?v=VXa9tXcMhXQ Tocas algo suave, le añades efectos electro mágicos repetitivos con frases en otros idiomas, que suenan con voces robóticas como “ein recht bestchrÄnkter Eingensinn” (una testarudez verdaderamente limitada, obtusa…) una es en francés y la dice una voz femenina que susurra sensualmente al oído de todos, laissez faire! Repite una y otra vez, otra dice, “melodie ist das sinnlichen leben der Poesie” (“la melodía es la vida sensual de la poesía”). Las frases suenan como un sermón para trabajar la cohesión de grupo, eso siempre te gustó. Ya tienes dos espectadores, una es la señora del edificio de enfrente que al oír la música se asomó bien preparada con un cojín para poder apoyarse y disfrutar cómodamente desde la ventana; el otro es un chico de otro edificio que pasaba por el balcón y al verte tan maqueado se quedó encadenado al ritmo de la música y a las emergentes pantallas de technicolor que mostraban secuencias de todo un poco, bien servidas, bien rápidas. Ya tenías el foco encendido sobre tí y el humo te rodeaba, las ventanas estaban llenas de gente que miraba hipnotizada al láser y se perdía en los acordes del teclado. En el suelo algo te distrajo por un momento de tu música, era una pelota de celuloide como todas las pelotas de ping-pong, la miraste y con tu mirada láser la prendiste un poco y ardió rápido, soltando un humo de color, que vino seguido por un espasmódico aplauso de una masa que estaba atónita ante tanta calidad. La siguiente parte del espectáculo se centró en la fortaleza de los robots y la tecnología como un salvoconducto espiritual para raza humana, rezaba la letra. En las pantallas se podía ver la siguiente inscripción: El que no está conmigo está contra mí y el que conmigo no recoge derrama. (Lucas 11:23) La gente salía en colas ordenadas a la calle siguiendo tu impronta, así se lo pedía la música, y se arrojaban al mar tranquilamente como si fueran lemming. Bienaventurados los que escuchen tu música: porque ellos serán llamados hijos de Dios. Se podían ver enormes colas de gentes que surgían de todas partes de la urbe marchando ordenadamente, rumbo a donde termina el mar. ¡Grandioso! Ya había tantos cadáveres en la orilla que las nuevas oleadas de elegidos tenían que caminar mar adentro como cuarenta metros para poder morir en tranquilidad. Pasó que pasara un señor por el paseo marítimo y viera todo aquello y se dijera para si mismo que nunca había visto la playa tan hasta los topes como hoy, mientras se unía a una de las muchas filas que cerca de él había. Seguías tocando buena electro música religiosa un poco más machacona y rápida. Ahora ya no había nadie en las ventanas pues todos se habían ido al sacro encuentro del mar y su muerte, pero podías aún desde tu plataforma de gran líder ver el cojín de la señora. El teclado Casio funcionaba extremadamente bien. Miles de personas, miles todos juntos en fila. Ahora le pedías a la masa informe que construyera una escalera mecánica de doscientos metros para que subieran ordenadamente y se tiraran por un acantilado desde ésta. El teclado estaba caliente y tus manos estaban enmudecidas, te dolían. Te prestaste presto para tocar al revés pues la orgía no había llegado a su fin, ahora pedías que se levantaran del fondo marino y volvieran marcha atrás proponiendo simultáneamente el conformismo y el cambio. Así se hizo, palabra del señor. Por toda la ciudad se veían gentes que volvían a su casa marcha atrás aún un poco ahogados y mojadas las ropas. El sol estaba saliendo y ya habías dejado de tocar. ¿Los restos de la dominación dónde estaban? Lo habías dejado todo cerrado, terminado, situada a cada hormiga en su lugar. Ya no había maquillaje. Tu compañero de ping-pong que se pasó toda la noche viendo la tele y navegando cayó en la cuenta de que desde ayer por la tarde no te había visto, se dirigió a la terraza donde te encontró mascullando y repitiendo: “¡Mí cometido esta hecho!!” - ¿De qué hablas? ¿Qué coño estabas haciendo toda la noche? La voz de Sergio rompió definitivamente mi estado de líder de masa y me reincorporé de manera rápida diciendo: - Nada, aquí, tranquilo ¿jugamos un partido de ping-pong? - Vale, voy a por las paletas, tú busca la pelota que estaba por el suelo ayer.
John Table.

6 abr 2009

PAN

Cada día las hojas amarillean más, el otoño avanza, las estrellas aumentan en el firmamento, donde la luna parece ahora una sombra de plata envuelta en gasas de oro. No hace frío aún, pero un silencio fresco fluido desciende con las noches. En el bosque todo adquiere carácter de vida, casi de pensamiento; dijérase que frutos maduros caen de las ramas… Y así llegamos a la fecha 23 de agosto, a las tres noches terribles de prueba. XXVI Primera noche de prueba… El sol se pone a las nueve, y una oscuridad mate, en la que apenas brillan algunos luceros, envuelve todo. Hasta las once no asoma la luna; entonces tomo mi escopeta y me interno en el bosque seguido de Esopo. Aunque no hiela, el frió me obliga a encender una hoguera, cuyas llamas brillan alegres. Estoy contento, como si por primera vez me encontrara en comunión con la grandeza del bosque; mis pulmones se ensanchan, mis pensamientos se engrandecen y una exaltación maravillosa crea en mí el deseo de brindar con todos los seres vivos por la augusta soledad de la noche, por la tinieblas propias que el murmullo soberano de Dios pase sobre los árboles, por la inefable y sencilla armonía del silencio, por el prodigio , insospechado de la hermosura de la hoja verde, jugosa de vida, y de la amarilla, muerta ya , que cruje en el sendero… Quisiera brindar por cuanto es signo de existencia en esta quietud estelar por el perro que olfatea y el rastro, por el insecto que zumba, por el gato montes elásticamente recogido en espera de que se pose el pajarillo, por esas lágrimas del mundo llamadas estrellas y luna, por la paz que después del tráfago del día envuelve al universo. Y anhelo es tan vivo que las palabras han completado la intención, y heme aquí en la actitud baquita de alzar la copa…
KNUT HAMSUN , del libro PAN.

2 abr 2009

¡Oficina Moscú brodel!

Muselina: http://www.youtube.com/watch?v=iYvAdCbCj2I.
Vea atentamente, gócelo… y después lea.

¡Oficina Moscú, broder!

Intensidad

  • Exacerbación: aumento de intensidad.

  • Exaltación: excitación muy intensa causada por un sentimiento positivo o negativo.

  • Exasperación: irritación muy intensa. «Poner a alguien muy enfadado o inquieto, haciéndole perder la paciencia o el aguante».

  • Excitación: aceleración de los procesos psíquicos; pérdida de control y objetividad.

Dentro de esta excitación —que también puede ser física— hay una gradación:

  • Enajenación: pérdida completa de control; locura.

  • Frenesí: exaltación violenta de una pasión, que se manifiesta en movimientos descompuestos.

  • Paroxismo: antes un término patológico; hoy, «exaltación violenta de una pasión».

Muy lejos de todo esto está el ansío exquisito de la antigua Rusia.
¿Quieres ver cómo puedo romperlo contigo rápido y veloz?

Un director de departamento, que en breve aplastará a su secretaria más por la frustración de una vida gris que por sus escasos errores, se acerca y le dice que en unos minutos debe estar en su despacho para mecanografiar el informe mensual.

Dentro, se escucha una queja de amor de un hombre que ya no sabe qué pensar. Es una queja brutal:

Por el presente documento, a día diecinueve de marzo de 1967, dejo constancia… Bla, bla, bla, coma, bla, bla, bla, punto. Svethana.

Puntos y comas que no eran del agrado de la secretaria; más tarde los cambiaría. El panoli de su jefe quizá no conocía las reglas de puntuación, y después —acero ruso— alguien podría pensar que la secretaria del señor Kogol era incapaz de poner un punto donde va y una coma donde corresponde.

—Señorita Svethana, acuda a mi despacho, por favor.
—Sí, señor director (¿Qué querrá este viejo ahora?).

Orden y limpieza por todas partes.

—He revisado el documento que pasó hace una hora y debo decirle que hay algo extraño.
—¿Quiere redactarlo de nuevo, señor? ¿Hacer algún cambio?
—No exactamente.
—Usted dirá, señor.
—Veo que ha corregido la musicalidad del texto, añadiendo y cambiando comas y puntos que yo jamás indiqué. ¿Es eso cierto?

Más orden por todas partes.

—No entiendo, señor.
—No me venga con bobadas. ¿No es verdad que este texto ha sido alterado con intención, en base a lo que salió de mi boca?

Frío fuera y estufas dentro.

—Bueno, señor… pensé que, quizá con las prisas, no se habían colocado bien. En mi segunda revisión los ajusté como aprendí, pero créame: lo hice por eficiencia.
—¡Se mofa usted de mí, morsa inmunda! Yo tengo un concepto sublime de la musicalidad de los textos, muy por encima de cualquier norma inocua de gramática. Si yo digo “aquí coma” y “allá nada”, usted transcribirá eso. Olvídese de enumeraciones, incisos, ampliaciones, vocativos y demás patrañas. Limítese a mi partitura oral.

Además, no es la primera vez que lo noto en estos dos últimos meses bajo mis órdenes.
—Le pido disculpas, señor, pero…
—Déjese de disculpas (putilla) y, desde ahora, ponga lo que yo digo o me veré obligado a prescindir de sus rusos servicios.
—Sí, señor Kogol. (Industria pesada.)
—A mi regreso de Moscú, espero que todo esté ordenado y terminado, siguiendo la presentación del sistema de hierro: maquinaria simple y dura.

En ese instante, la puerta se abrió de un portazo seco. La Oficina Moscú se llenó de gente caribeña. Ya sonaba un frenesí alegre y sudoroso: la clave marcaba el compás.

—¡Esa melodía, papi! —gritó alguien al fondo.

Los dos rusos se miraron atónitos, pero aceptando, de algún modo, aquel absurdo de tipo B.

El cantante vociferaba:
—¡Señoras y señores, vamos a gosal con la descarga sonara!

Los coros respondían: “u-ja, u-ja, u-ja… Vamos, Micaela, se votó, ay Micaela, ay, ay, ay, cuando baila…”.

Atrás quedó la maquinaria pesada y el orden soviético. Entró la maraca, el bugalú y la tremenda gozadera en la pequeña constelación de la Oficina Moscú.

—Señores, miren cómo esa rica mulatita mueve su… u-ja, u-ja, ay qué calor, qué ardor… miren cómo baila Micaela.

—¿Qué es esto, señorita? —preguntaba Kogol, disimulando que se lo estaba pasando bien mientras bailaba dulcemente al son de la música y dejaba su chaqueta en la silla.

Alguien le sirvió un vaso de ron que bebió de un trago. Agarró a la fría y guapa Svethana, que intentaba explicar —sin mucho empeño— que no sabía por qué ni quién había montado el guateque, y que tampoco entendía por qué hablaba así. Entre tanto, le picó el ojo al cubanito del fondo, vestido con una nota muy linda.

Seguía entrando gente: todos con la salsa en la sangre.
—¡Vamos todos juntos! ¡Candela! —gritó Kogol.

El descaro y el frenesí se apoderaron de Svethana. Llegó la rueda de casino. Un joven bien plantado sacó a bailar a una muchacha con un traje blanco erótico, de esos que dejan ver un cuerpo bello, bello de verdad, y no esos trajes guapos que esconden feos desnudos.

Siempre se dijo: “Qué cosa más linda un traje feo y basto sobre un bonito desnudo”. Y si se juntan traje bonito y cuerpo bonito, pues que se junten.

La fiesta seguía. Dentro del despacho, algunos ya tenían demasiado ron en la cabeza. Carlitos —dos metros—, el negro, repartía puros. La música vibraba: de la rueda salía un “dile que no”, un “adiós”, las parejas entraban y salían, mostrando sus mejores figuras. Una pareja saltó marcando pasos complicados: “adiós, hermana”, “un enchufe”, “la perita”… El baile siguió con gran despelote.

Un objeto caleidoscópico trajo de golpe un viento que borró hasta el último vestigio de la vaina, como en un videoclip. Dio paso a otra cosa y regresó la vida soviética.

Quedó apenas el ron en la boca del superintendente, una pizca de sudor en el cuerpo de Svethana… últimos rastros de algo. A las cinco, ambos partieron a sus hogares, como dictaba el comité. Callados, rumbo a la vida ordenada de las afueras.

Al día siguiente, Kogol entró con su maletín de cuero al despacho donde, hacía media hora, la joven secretaria —y sus pezones, que él no lograba olvidar— trabajaban.
—Buenos días, señor Kogol —dijo ella, creyendo ver una complicidad fugaz en su mirada.

¿Quizás por algo de ayer?, pensó. Pero no tenía la certeza ni el valor para preguntarlo.

Él la miró serio. Por un instante se relajó, sintiendo un buen recuerdo con ella. Una duda voló por su mente, pero enseguida volvió a su afán de vilipendio, golpeando con fuerza la mesa.

Le dejó la carta de despido. Sin palabra, se dirigió a la puerta. Antes de salir, se volvió:
—La nueva secretaria vendrá en quince minutos. Deje todo recogido, putilla, señorita… como se llame. Adiós y buenos días.

John Table

1 abr 2009

Caminar

Así como el ganso silvestre es más rápido y más bello que el doméstico, tambien lo es el pensamiento salvaje, pato real que vuela sobre los pantanos mientras cae el rocío. Un libro verdaderamente bueno es algo tan natural y tan inesperado e inexplicablemente bello y perfecto como una flor silvestre descubierta en las praderas del Oeste o en las junglas orientales. El genio es una luz que hace visible la oscuridad, como el resplandor del relámpago, que tal vez haga añicos el templo mismo de la sabiduría, no el de una vela encendida en el hogar de la raza que empalidece ante la luz del día ordinario.
-HENRY DAVID THOREAU-

31 mar 2009

Puté

“París es una enorme prostituta”. Llamada de Jonathan, de vuelta a Alemania. Estuvo de visita en el país de los franchutes durante cinco días. Cinco días entre pensiones y casas ajenas. “Es enorme, demasiado grande, casi enfermizo, enfermizo, de hecho...Por momentos pensaba: sin duda, éste es mi sitio. Pero un segundo más tarde, no sé, sucedía algo, cualquier cosa, pudiera ser que fuera a dar con los Campos Elíseos, veinticinco mil personas, de golpe toda una jodida jungla, conmigo allí, y mi idea inicial cambiaba en ese mismo instante, entendía que aquél no podía ser lugar para mí”. Dos noches de prestado, otra en un hotel, la última se decide a pasarla en vela, probando a hacerse un hueco en la noche parisién. Después el tren. Tiempo para dormir, apenas cuatro horas en seis de trayecto. La ida fue peor: los detuvieron en la frontera entre Alemania y Francia (Stransburgo), en no sé qué ciudad: al parecer había que aclarar a qué clase iban a trasladar a los pasajeros, pues lo que en Alemania es “primera”, en Francia apenas sí alcanza a ser “segunda”, y por supuesto no va a permitirse que se produzcan confusiones a ese respecto: miserables desclasados compartiendo asiento con la élite...Y así se fueron dos horas, en trámite. “París mata al individuo, lo pierde, lo reduce a nada, o aún menos que eso. Cuando te das cuenta, cuando lo entiendes, comprendes mejor a toda esa gente, sus prisas, su aspecto de estar sin rozar apenas la vida, sin hacerse notar: ésa es la impresión. Una impresión errónea, probablemente. Tal vez no haya nada de eso. Lo compruebas cuando te detienes a hablar con el individuo único, aislado. Es sólo lo que París hace de la persona: un cero. La anula, la devora, la silencia...Luego no queda nada, apenas sombras”. Jonathan monologa, no le interrumpo, quiero escuchar, es su momento, indudablemente mi silencio lo enardece, le da alas, lo transforma...”La penúltima noche volví a conseguir alojamiento gratuito. Y te juro que ya no sabía sonreír, había olvidado la gratitud, apenas sí acerté a fingir sorpresa cuando me ofrecieron la habitación...sentía, sencillamente, que aquello era lo que tenía que ser, debían invitarme, ¿entiendes? por ser yo. Sé que es una locura, pero así lo sentí entonces. Habían sido tres días de repetirme a mí mismo, de reinventar un único discurso hasta la saciedad, a esas alturas las palabras salían solas: “messie, madame, ¿podría indicarme...?” ¡Al diablo la visita turística! Tenía que camelármelos, debía hacerlo, se trataba de dormir por cuarenta y ocho euros la noche o hacerlo gratis. Y cuando estás así, créeme, cuando estás solo, más solo de lo que recuerdas haber estado en mucho tiempo, sin más que tu mochila y la bolsa con las mudas de ropa cruzadas sobre el pecho, en un caso así, digo, cada céntimo cuenta. Y volví a conseguirlo, lo hice de nuevo. Debía tener la suerte de cara entonces, y tal vez aún la siga teniendo. No he hecho sino volver de París y en cuanto recuerdo estas cosas me tienta la idea de regresar allí sobre la marcha, de probarme a mí mismo, encuentro el desafío: “Jonathan, a ver cuánto aguantas en estas calles, entre esta gente, más tiempo, dos semanas, tres, más, más...” Le pregunto si visitó la Place Clichy, Villa Borghese, etc, por Miller...”No sé, tal vez pasara por allí en algún momento. Llegué a encontrarme perdido en más de una ocasión. Imagina la impresión que causa subir a un promontorio con la idea de oxigenar la vista y descubrir París como un horizonte interminable de cemento y tejas, casas y más casas, las unas sobre las otras...No hay nada más allá, sólo París. Indudablemente es gigantesca. New York, Tokio, Madrid...y París.” Me interesa saber si, en definitiva, ha entendido, descubierto o comprendido algo que no estuviese a su alcance aquí mismo. En este caso tarda tal vez un segundo más en contestar, pero al momento suelta: “No. La verdad es que no. Mmm, realmente no hay nada trascendental por descubrir bajo el Arco Del Triunfo. No en cuanto al sentido con que utilizas en este caso la palabra “entender”. Definitivamente no.”
Carlos Bonino.

27 mar 2009

Trópico de Cancér

No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, creía que era un artista. Ya no lo pienso , lo soy . Toda lo que era literatura se desprendido de mí. Ya ni hay más libros que escribir, gracias a Dios.
Entonces,¿éste? Este no es un libro.Es un libelo, una calumnia una difamación. No es un libro en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado,un escupitajo a la cara del Arte, una patada en el culo a Dios, al hombre , al destino, al tiempo, al Amor, a la belleza... a lo que os parezca. Canteré para vosotros, desentonando un poco tal vez , pero cantaré. Cantaré miestras la palmáis, bailaré sobre vuestro inmundo cadáver....
Para cantar, primero hay que abrir la boca. Hay que tener dos pulmones y algunos conocimientos de música. No es necesario terner acordeón ni una guitarra. Lo esencial es querer cantar. Así, pues , esto es una canción. Estoy cantando.
HENRY MILLER.

25 mar 2009

Fresas en el bosque y pulpo en la pescaderia


Este relato no podría comenzar de otro modo ni en ningún otro lugar. En el fondo oscuro del lecho marino está nuestro cartilaginoso amigo. Pulpo permanece quieto, no tiene hambre, no ve la luz, y por su cabeza pasan las ideas instintivas. ¿Es feliz? Pulpo me pide que no le preguntemos eso, que contemos otra serie de cosas. Pulpo se desplaza por el fondo arenoso levantando un ligero velo de arena que volverá a caer en su primigenio lugar; pulpo sigue su devenir en busca de alguna fresa. Fresa. Es eso lo único que le obsesiona. Pulpo un día comió esta extraña fruta que un joven marinero arrojó al fondo, a su puto gran fondo. La notó venir, notó la presencia ligera de la fresa; no se alertó, pues sabía, intuía que no había peligro. Se posó la fresa y la discordia en la mente de pulpo. Os pido que cerréis los ojos y que bajéis al fondo del mar, que os imaginéis que estáis cerca de nuestro amigo. Él no nos puede ver, no sabe de nuestra presencia. Podéis ver en toda su plenitud la extraña escena: pulpo quieto y fresa cayendo, interrumpiendo su primaria vida. Los ojos no tienen ningún problema en desenredar la luz, pues habla la imaginación que, como sabéis, no entiende de oscuridades. La caída de ese objeto vino precedida de no gran cosa. Tampoco era un fenómeno nuevo para pulpo, a menudo caían toda seria de cosas en el fondo, desde trozos de peces que fueron devorados por algún otro pez hasta objetos de difícil clasificación; objetos humanos, y lo humano, por INRI, no se conoce como concepto ni nada en la mente de pulpo. Llegamos al instante en el que la curiosidad le pica a acercarse a fresa, fruto rico en vitaminas. ¿Cuáles? No recuerdo. Tocándola desvela en ello la suavidad de la textura de fresa. Casi le recuerda a su propia piel cuando era un joven pulpo. La levanta, la pasa por sus tentáculos y en un momento raro y anómalo acerca su extraña boca e introduce un sabor único y genuino, el de “la fresa” que fuera recogida hace un mes en un país llamado Hungría donde la mujeres lucen lindas piernas y llevan tacón y falda hasta en invierno extraña conducta ésta, la de comer la fresa, pero lo cierto es que le gustó y guardó este sabor como algo que las futuras generaciones de pulpos deberían comer y conocer. Y es más, pasó a ser una prioridad el comer fresas; cito textualmente las palabras de pulpo: “La llegada de la fresa marcó un antes y un después en mi tentácula vida” Éste fue el fin de nuestro amigo pues empezó a perder el gusto por el pescado, por los moluscos, por la vida. Sólo quería volver a comer aquella cosa. Fueron apagándose las ganas de vivir. Estaba enamorado y no lo sabía. Pasaron los días, las semanas, y pulpo no tenía ganas de comer. Se enterró en la arena; en la arena en la que había visto caer a fresa, y dejó que la muerte le llegase oscuramente en la mayor de las soledades. Triste y lleno de deseo, dijo adiós.
John Table.

23 mar 2009

Ellos saben

No se puede luchar contra lo que inventan otros. No se puede luchar y además es mentira. Quédate como estás. Si un tío coge un micro, se lo lleva a la boca y lo mastica, lo siguiente es que tú no tienes nada que ver con eso. Nada que ver con eso. ¿Entiendes lo que te digo cuando el que está ahí arriba lleva la camisa desabrochada y grita más que nadie? El que está ahí arriba eres tú mismo con barniz y lápiz de labios, peinado como las reinas, del brazo de los que saben, mintiendo en tu cuarto. La fama es una provocación que no debería importarte. Detrás siempre hay un gato o una mujer o billetes. Todo construido encima, como sobre la tierra virgen, rascacielos. Así que no les creas, no les creas nada. Si compras una alfombra, luego tienes que pisarla o no.
De ellos ellos mis hermanos, del blog , BACTA ALACTA.

!salta de la cama mujer!

Depresión. Esta mañana al despertar, me caí de la cama y no se como mi camisón se enredó en una pata, intenté levantarme y no pude. Tire de la tela, pero la cosa empeoró rápidamente, me di cuenta con estupor que el bajo de la cama me tragaba, hacía esfuerzos por empujar mi cuerpo hacia fuera pero no le gané ni un solo milímetro, a esa enemiga en la que se había convertido mi cama y me arrastraba hacia dentro, hacia la oscuridad, al desconcierto. Me debatía para no ser engullida, luchaba, pero sin embargo sentí que perdía las fuerzas a medida que cuerpo desaparecía, mis músculos se relajaban, no querían presentar batalla y me dejé arrastrar a la negritud que me imponía la cama, mi cama, me traicionaba y me daba un abrazo fatídico cubriendo mi voluntad. Allí quedé, encerrada, escondida, sin ganas de salir, el tiempo se distorsionó, percibía que las cosas alrededor de mi prisión, se movían a veces lento a veces rápido, creo que vi a mi familia llorar a mi lado, desesperados por ayudarme, los amigos me tendían la mano, pero yo no tenía el valor de agarrarme a ella, mi cuerpo no respondía y entonces, llegó el olvido, la gente eran figuras sin sentido, y el olvido trajo frío y me acurruqué mas dentro de la cama si cabe y mi carcelera se convirtió en amiga, mi consuelo, mi soporte y en ella me quedé a vivir, en mi habitación , en el rincón mas oscuro de mi cama, muda, sin ganas. Creo que aún alguien me visita, pero no se quien puede ser, no importa, engancho algunas palabras que me dicen, me hablan de un mundo mejor, suena bien, pero creer en alguien o en algo es tan cansado, solo quiero dormir , olvidar, olvidar que un día me levanté de la cama.
ReLaTo by MELANIA

18 mar 2009

No es más que un fragmento y un pequeño homenaje a todas esas ideas que están en fase de y no se sabe que ni para que y luego encuentras un motivo. Libro: El secreto de Jou Gould El gran Joe Gould : El reportero es sureño, y se pasa buena parte del tiempo añorando el Sur. Se considera un exiliado del sur. En un tiempo ha sido creyente, baptista fiel, pero ahora es agnóstico. De todos modos tiende todavía a ver las cosas en términos religiosos y a menudo ve la ciudad como un infierno, una gehema. Esta enamorado de una chica escandinava que ha conocido en el ciudad, y es tan diferente de los muchachas que ha conocido en el sur que le resulta misteriosa, como misteriosa le resulta la cuidad, en su mente la chica y la cuidad se mezclan por completo. Hoy es su día libre. Desayuna en un restaurante del mercado del pescado de Fulton y luego, rondando por los lugares de la cuidad que conoce mejor poco a poco va subiendo en el mapa. En su vagabundeo se encuentra una y otra vez con hombres y mujeres que para él representan diversos aspectos de la ciudad. Sube por la Fulton street, atraviesa el cementerio de Sant Paul , se mete por ciertas calles del East Side inferior , luego por ciertas calles del Village , luego va a la zona de los teatros y luego a Harlen. Tarde por la noche, en Lenox Avenue, se une a un grupito de hombres y mujeres, blancos algunos, otros negros, que acaban de salir de un club nocturno y han formado un circulo en torno a un predicador callejero negro, él ya ha visto al hombre horas antes, predicando en una esquina de la zona de los teatros, pero no le ha prestado atención. Ahora escucha. El viejo conoce la vida y usa expresiones y argot neoyorquino actuales, pero también buena cantidad de antiguados giros sureños, de esos que usa sobre toda la gente del campo , y el joven reportero comprende que el viejo es sureño y ,como él , un sureño campesino. El sermón es apocalíptico. Hay en él advertencias y profecías terribles, hay frases tomadas de antiguos, sangrientos himnos baptistas y hay numerosas referencias animales, flores y frutos bíblicos: a las cabras salvajes de las rocas, las granadas del cantar de los cantares y los lirios del campo que viven sin trabajos ni ajetreo .Están la serpiente, la gran prostituta de Babilonia y la zarza ardiente. Como los predicadores baptistas que el joven reportero escucho y a quienes se esforzó por entender en su infancia, el viejo ve significados dentro de los significados, o cree verlos, y hace lo posible por explicar qué <<>> las cosas <<>>, dice , ahuecando las manos en el aire , hablando con tal exactitud que se hace evidente que hace mucho tiempo , en el Sur, conoció las granadas por experiencia propia. <<>>. El joven reportero pensaba quedarse sólo unos minutos pero la retórica del viejo lo ha inmovilizado. Aunque le parezca que ha sido cien veces, lo tiene en trance. El viejo les recuerda a los evangelistas fanáticos que tanto poder tenían en el Sur durante su infancia e iban de pueblo en pueblo celebrando ritos de renacimientos en grandes tiendas de campaña. El les temía y los odiaba (su reputación se basaba en los atroces descripciones que hacían del infierno, cuanto más atroz la descripción y mas violenta el sermón, mejor se consideraba que eran el evangelista), pero de todos modos le dejaron un gusto perdurable por lo críptico, lo ambiguo, lo mágico, lo inconexo, lo extravagante, lo oracular y lo apocalíptico. Se descubre sacando de las afirmaciones del viejo retorcidas conclusiones que encuentran alguna correspondencia con su propio con su propio estado espiritual. <<>>, dice el viejo, <<>>. Escuchando eso, al reportero se le ocurre que no es el Sur lo que él añora sino el pasado, el pasado del Sur y el suyo propio, ninguno de los cuáles existió nunca de verdad en la forma en que la nostalgia se los ha traído a la memoria, y que ya es momento de salir del pasado para entrar en el aquí y el ahora; es tiempo de crecer. Cuando el sermón acaba baja a sus barrios sintiendo que el viejo lo ha liberado y que ya es ciudadano de la ciudad y del mundo. Me había pasado casi un año pensando en esa novela. En cuanto no tenía nada que hacer, de modo automático me ponía a escribirla mentalmente. A veces en metro. Casi cada día descartaba algunos personajes inventaba otros .Pero lo cierto es que de hecho nunca había escrito una sola palabra. Con el correr del tiempo me habían absorbido otras cuestiones. Aun así, durante años había soñado con ella a menudo, y en esas ensoñaciones la había acabado y publicado y era capaz de verla. Veía la portada. Veía la cubierta, que era verde con letras doradas. Estos recuerdos me llenaron de vergüenza casi insoportable y empecé a comprender a Gould. Supongamos que hubiera escrito la historia oral, reflexione probablemente no habría sido en absoluto el libro que el había profetizado que seria por plazas y callejones, pues los libros, incluso los grandes y medios, y hasta los buenos y lo bastante buenos, son extremadamente raros .Probablemente, en el mejor de los casos, habría sido una curiosidad. Pocos años después de haber salido, se habrían encontrado ejemplares en los estantes de rarezas de todas las librerías de viejo del país. En cualquier caso, decidí que si de algo la raza humana estaba bastante provista incluso demasiado provista era de libros…………..
Vivimos en una época sin esperanza. El hombre busca desesperadamente algo en qué creer y acude a los nuevos gurús. Ni aun el hombre inteligente, de gran conocimiento. por desgracia, esta a salvo de formas primitivas de espiritualidad. La fe apasionada, fanática, en ideas y prohombres (sean cualesquiera) es idolatría. Se debe a la falta de equilibrio propio, de propio actividad, a la falta de ser. Lo mismo ocurre con el gran amor: se convierte en idolatría cuando alguien cree que la posesión de otro da respuesta a su vida, le presta seguridad y se convierte en su dios. El amor no idolátrico a una idea o a una persona es sereno, no estridente; es tranquilo y profundo; nace a cada instante, pero no es delirio. No es embriaguez, ni lleva a la abnegación, sino que nace de la superación del yo. Erich Fromm

Tiempos modernos




Instrucciones de uso: "cultura" fría lea muy rápido con esta musilina*; http://www.youtube.com/watch?v=QrzGpVOPcTI*/ 
       
*Musilina:Término acuñado en la modernidad, de la música hecha para acompañar de fondo un texto.
La llegada del viernes anuncia el impepinable paso de los días, las semanas, de los años e incluso de nuestra propia vida. Respiramos hondo al saber que nos preceden tiempos modernos donde el hormigón armado y las máquinas tragaperras escriben el germen de la modernidad. Todo nos abruma y que rápido vamos, en el supermercado hay latas de conservas que permiten a la gente cocinar cosas ricas e incluso podemos ver y hacer grandes hamburguesas, hacerles fotos con brillo mágico, estos son los tiempos modernos. Pero no olvidemos que día a día se vierten al mar miles de micro-historias que como protozoos están llenas de verdades simples y dramáticas; es la golondrina una gran protagonista de una de esas erratas históricas de las enciclopedias. Pequeña y hábil, yo un día le pedí un favor, le dije; amiga no te mueras aun, que quiero verte regresar a tu nido y el arpa impía dejo marcada a la gente que quiso hacer de esto de la parte aquí escrita algo moderno y solo lo entiendo yo, y el que vaya de moderno y que dice que lo entiende, miente mucho y es por eso entonces que el arte moderno es un cuernudo que miente mucho.


Mi haiku moderno:  Ráfaga de metralleta
                   Una rana abre los ojos.   
                   Vietnam.                                       
                                                                                                                                  John Table

Yimbo como nombre propio

Musilina: http://www.youtube.com/watch?v=7rBjpjEAi24 Narra! ¡Narra!, narra hasta que revientes coño. A la edad de Yimbo buscas en tu cuerpo el reflejo del tiempo, los signos de la decadencia, del pasar de los años. Porque esas cosas se saben. Vas por el pasillo y llegas al espejo. Te observas, te quitas la blusa, juegas, te tocas, varías las posturas, miras tu cara. La cara es importante, con ella haces muchas cosas. Te miras de cerca, un poco más cerca, ahora de perfil, te desprendes de las últimas ropas, miras la desnudez y a tu mente llegan los ecos de lo que ellos dicen que ocurre cuando llegas a ciertas edades. Sí, todo eso de “la piel pierde elasticidad”, “la barriga te acaba escondiendo la polla para que no veas esa herramienta vieja y oxidada”, “crecen las orejas” y un montón de cosas que se dicen a ciertas edades. Tú, Yimbo, buscas sin cesar alguna señal de esas, repasas todo tu cuerpo, lo escudriñas en busca de esa llamada animal a la muerte. Pero el espejo no desvela nada. Estás en forma ¡tienes un cuerpazo!; te agarras las nalgas duras, das saltos viendo la energía atómica del movimiento hecha por una musculatura sublime: la tuya. Estás cachondo de verte, sigues bailando Yimbo; proporción, anatomía, fisionomía perfecta y ellos flaquean delante de ti. Los ves decrépitos, son como pis viejo, huelen a pis viejo. Todos los viejos huelen a pis viejo. Litros y litros, centenares de toneladas de pis viejo.Sales por la puerta de tu casa con alegria espasmódica, las calles de esta ciudad son minúsculas para un tio como tú. No puedes dejar de mirar tu reflejo en los cristales, estas para comerte pedazo de cabrón. Las chicas se dan media vuelta al verte pasar tu les tiras una sonrisa chulona y te mojas los labios, la gomina gotea al entrar en la agencia de viajes que tiene por nombre, "Viajes Suspiros" Y le gritas a la vendedora y es que tus venas arden ¡Yimbo! (Les puedo decir que eres sureño ¿no?. No puedo, vale, entiendo.) Pues eso, gritas mientras sacas un fajo de billetes verdes: “¡Un billete para Kokomo señorita!” KOKOMO GIRLFRIEND El aeropuerto internacional de Kokomo es tranquilo, muy tranquilo pero con glamour ¿verdad Yimbo?. Con criterio racional tus jeans te quedan de gloria. La maleta y él esperan con tranquilidad un taxi libre que les lleve al hotel situado estratégicamente entre la playa y el famoseo. El sol luce Yimbo; el sol está rojo y el cielo azul. Esperas pero no pasa nada, todo está en calma, no se ve a nadie. ¿Qué está pasando Yimbo? Caminas y cruzas la acera; el asfalto quema y el tiempo pasa. ¡Yimbo mira!, ahí está el hotel, a lo lejos, mira sus luces. Llegas a la entrada un tanto sudoroso pero, ¡que bien te queda el sudor Yimbo!; lo digo de veras Yimbo. Entra en el hotel y págate la mejor habitación, tú lo vales. Yimbo, Yimbo tranquilo, no entiendo ¿Cómo es posible que el hotel sea de cartón piedra? No lo entiendo Yimbo; sigue caminando, esto es sólo una broma de los Kokomoriences, ellos son de un sentido bárbaro del humor. Sigue Yimbo ¿Acaso no recuerdas los catálogos donde había fotos de hoteles de cristal y metal?, todo lujo y abundancia, de playas y hamacas con los mejores beach bares, de gente guapa como tú, Yimbo (bueno, no tan guapos como tú). Relajate, que no decaiga el animo , ¿No recuerdas el anuncio de la televisión Yimbo? Aquel tío calvo con su moreno feliz y la blusa hawaiana abrazado por dos jóvenes pechugonas en bikini. Había palmeras Yimbo, las vi yo con mis ojos, las vi en la tele con mis ojos Yimbo. ¿No me crees? Si te creo, tienes razón, es sólo una broma de los como se llamen los de Kokomo. (Claro Yimbo claro) Yimbo, no lo puedo entender, de veras. Que todo sea de cartón piedra ¡No me lo explico!, es un sin sentido, nadie me dijo que en Kokomo todas las casas y hoteles y todo era de cartón piedra. Pero no te rindas, busca alguien Yimbo, alguien te dirá dónde está todo lo bueno, todo eso que tú mereces, porque lo vales. Yimbo se tumba en el suelo. Está cansado pero no ha perdido la esperanza. Él ha visto en la TV muchas veces programas de cámaras ocultas. ¡Oh amigo Yimbo! Todo fue una farsa. Ni eres guapo ni nada que se le parezca, te engañé yo, ¡me oyes capullo!. Yo, si, el narrador; te utilicé desde el principio para poder escribir esto. Cuando te vi por la calle con esa mirada de simplón dos ideas me dije: “este tío es perfecto para mi obra, tan solo acércate sigilosamente sin que se dé cuenta de que eres un narrador y susúrrale exaltaciones de lo bueno que es, y verás como pronto se lo cree”. Ahora que este relato llega a su fin, te diré que te dejaré morir en tu engaño, te alimentarás del cartón piedra hasta morir intoxicado, pues no tengo la intención de sacarte de aquí Yimbo, muérete amigo. Antes te diré una cosa, el jeans te quedaba bien de veras. Por lo demás, tu sueño, mi relato,todo era una mentira. Despídete cretino.¡Claro que lo que digo es verdad! No es broma, no hay cámaras ocultas Yimbo. Tu vida llega a su fin y todos nos reiremos, nosotros los guapos (como tú lector, tú si eres guapo de veras, ¿quieres ser tu mi próximo yimbo? pero lo digo de veras, sin trampas, conozco un sitio llamado...) al leer el mail y ver tu cadáver en las calles de Kokomo. Y vaya una mierda de nombre, solo a ti te puede gustar un sitio llamado Kokomo. Yimbo Harris Ross. Nacido en Huntsville el 21 de julio de 1980 y fallecido en Kokomo el día 17 marzo del año 2009. Descansa en paz.
JOHN TABLE.

La transmutación de los buques que salieron de la bahia de Conver

Que el universo esta en constante creación lo sabemos todos menos Dios. Cuando Dios hizo el edén (Dios es único, eterno y abstracto) tuvo que hacerlo como me ocurre a mí a menudo con cierto grupo de ideas. El Génesis: Sintió la necesidad de hacer las cosas que tantas veces había pensado he imaginado cuando sabes, sientes y notas en tus tripas que el tiempo de la creación se difumina por culpa, como culpa el tiempo. Es irrevocable, no se puede dejar pasar ni un segundo más. Cuando siento miedo de tener que afrontar algo que no me gusta hago todo lo que me gusto hacer desde hace un tiempo y no hice, haciéndolo de manera alocada he intentado terminarlo todo o casi todo. Esto viene dado porque sabes y él lo supo que hay cosas que se hacen en un tiempo determino o el tiempo las termina por cambiar tanto que ya no crees en ellas sobretodo si se trata de las ideas de la creación. Si sientes el brazo ejecutor cerca te apresuras, bueno por lo menos yo y Dios sí lo hacemos de ese modo, te apresuras con fuerza y ahínco con lo cual los resultados pueden ser rápidos y mal hechos o bien una obra maestra de la explosión indostánica que estuvo en ti y vomitas al fin al mundo y a medida que estas con ella más tiempo más te gusta y a la inversa. Lo más fantástico de lo fantástico es que lo fantástico ha dejado de existir; ahora sólo hay realidad. Digamos que este proceso creativo es el que más disgustos y alegrías me da, el que posee más fuerza emotiva en las dos direcciones. La transmutación de los buques que salieron de la bahía de Conver; esto es lo que quería crear.
JOHN TABLE.