14 oct. 2009

La selva borracha

Tienes pocas posibilidades, pero por suerte su número no incluye el ocho, el cual, ésta estropeado en tu teléfono y sabes dar gracias por ese simple detalle que te ha permitido llamarla. Las llamas del infierno están que arden pero hoy no te quemaras.
Las panorámicas desde el salón de la casa son magnificas. Vive en un noveno piso con vistas a la entrada del puerto, donde los grandes diques dejan paso al mar abierto, justo la zona en la que muchos barcos que, por algún motivo desconocido para ti, echan anclas sin llegar a entrar. Pero lo cierto es que quedan perfectos, todos esos buques fondeando dispersos en el horizonte, vigilados muy de cerca por el puerto y sus enormes infraestructuras. Mira aquel, el barco mercante rojo, (que es de los pocos tipos de barcos que sabes reconocer) ¿que tipo de mercancía llevara? Y ese otro parece un barco ruso o griego, tal vez chipriota. Acaso ahora en ese mismo instante un marinero mire desde el otro lado y contemple la fila de edificios en la que te encuentras, desde donde observas al atlántico. El marinero sale a tomar aire a la cubierta del barco y contempla a lo lejos el malecón, detrás hay una enorme carretera que da paso a los altos edificios que esconden en sus espaldas el resto de la ciudad; la selva borracha que se ahoga entre ruidos de coches y el murmullo pesado de miles de personas que quieren decir cosas. Una voz te llama desde la cocina, te preguntan si tomas el café con leche y azúcar a lo que respondes a ponpidei fur misin - no eso no, que no significa nada.
- Con un poco de leche y nada de azúcar por favor, oye una pregunta no tendrás por casualidad unos prismáticos - Sí, hay unos en la estantería del salón, ¿verdad que las vistas son magnificas? ¿Me dijiste con leche y azúcar no?
Al igual que ella no te oyó del todo bien lo referente al azúcar, tú tampoco la oyes bien pero lanzas dos perdidos - si, si- y te vuelves a concentrar en la empresa en la que estas absorto; sacar los prismáticos de su vieja funda de cuero negro. Se supone que después del café la fulgurante atracción sexual de ambos se vera cara a cara en la cama, donde ella ya tiene preparado los condones y unas sabanas limpias pues para eso habían quedado entre líneas y no para tomar café con azúcar, que no te gusta. Algo como quedamos y tomamos un (follamos con o sin azúcar) café. Es ella quien dirige la “conversación” mas tú te limitas a ingerir despacio el café y responder con si-si y los ah que interesante para perderte en el eidetismo absoluto de la suave textura de los prismáticos, el perfecto ensamblaje de hierro, cristal y cuero ¡perfectos! Perfectos también el brillo mágico de los lentes como de color agua con gasolina. También ésta presente el olor a viejo de los binoculares, los olores son muy importantes en general y ella huele a rosas. Ella hembra mantis devora hombres tal vez, prepara el terreno con un baile de apareamiento bastante descarado, que si una blusa con un gran escote, que si hablar de masajes y de más lindezas por el estilo que seguramente en otro momento te haría sentir el hombre más volátil de la tierra pero ahora estas en otro sitio. Antes de que ella mantis devora hombres tal vez, te diga de pasar a la habitación pues el café está mas que finiquitado y te sea difícil escapar, tendrás que planificar alguna treta para poder hacer lo que verdaderamente deseas ¿y tu que deseas? ¿Una buena mamada tal vez? ¿Unas cuantas posturas guarretas? ¿Un suave chupar y agarrar esas dos tetas? ¿Unas caricias tal vez? ¡No!, ¡amigo mió, no! tu deseo es bajar hacia la avenida marítima y perderte en los detalles de la geografía de todos esos buques con tu queridísimo amigo el señor prismático, justo antes de que el sol se esconda y no puedas…
A cuatro kilómetros de ahí el joven marinero que miraba la moderna urbe apenas hace unos veinte minutos se encuentra ahora recluido en su camarote con los pantalones bajados. La imagen de la cuidad le a evocado de algún modo el recuerdo de su novia, de su rusa novia, de su desnudo, de sus pies, del follar con ella, de sus labios, del morderle su culete, de los besos en el parque… En la intimidad del camarote y con una revista porno intenta desahogar la media erección que la cuidad le a causado. Comienza mirando la revista buscando unas hojas que le sirvan de inspiración. Para cuando las tiene delante y su polla esta tiesa, unos golpes en la puerta y una voz le interrumpen de su natural proceso. – ¡Dimitri! ¿Estas ahí? hay problemas con una válvula el la sala motores, algo urgente, el jefe que te presentes ya - ¡ya! ¡Ya voy! (Dimitri se levante de la cama y se sube los pantalones lentamente maldiciendo un sin fin de cosas) Entre tanto al otro lado de la historia en la barriga de ella mantis, un poco de mortecina corrida se va secando. Es esta la mejor respuesta que le has sabido dar a los que eran llamados, tus deseos.
JOHN TABLE.
Publicar un comentario