29 dic. 2010

-textos- Antonin Artaud

Van gogh: el suicidado de la sociedad y para acabar con el jucio de Dios 

Quiero decir (1) que la erotomanía no es un vicio pasajero.
No es un vicio ejecutado en las tinieblas, sino a pleno día, en bandas, en rosarios, en precesiones, en séquitos en los que en algunos puntos de la tierra participan centenares o miles de personas rodeadas de ese acompañamiento de la fantasmagoría de miles de espíritus, que durante las noches se agranda hora
tras hora,
     sino un rito (2) cuidadosamente cultivado y repetido a diario en toda la extensión de la tierra y que en número , importancia, intensidad y cantidad adquiere una importancia infinitamente mayor que todas las investigaciones de los científicos sobre el uranio, el helio, la bomba atómica, la electricidad atómica, o de los médicos, psicólogos y psicoanalistas sobre el inconsciente. 
Y conozco a más de un científico ruso o americano que ha encontrado en una orgía la solución de muchos problemas (3) eléctricos y atómicos
    hasta entonces completamente abstrusos.
Cuando hablo de vagina asada (4),
Se debe a que en determinado momento de la orgía se pone al fuego un sexo femenino u órganos de recién nacido, 
No en imagen sino en hecho, y así, total y verdaderamente quiero decir mediante espantosas porquerías de este género, es como la vida presenta mantiene su espantosa cacofonía.
Y lo que (5) tan vorazmente se arroja a maniobras de este orden no es el posible resto de las razas aún inmersas en un fondo de primitivo salvajismo,
  sino por el contrario todo ese magma purulento de la casta de los grandes burgueses eximidos de la conciencia y del espíritu:
curas, científicos, médicos, profesores, bonzos, rabinos, imanes, lamas, bramanes, yoguis, gurús, sufíes, muftíes, parias, parsis, cenobitas, rabíes, nabíes, faquires, almuédanos, de los malaya, del Cáucaso (6) o de los andes,
 sino también, sobre todo ahora (invierno de 1947) , en los Cárpatos, Europa Central, los Alpes (7), los Pirineos, los Cévennes,
                                                             y en París.
Y si esto no marcha se debe a que la conciencia, del todo enferma, tiene actualmente el máximo interés en no salir de su enfermedad.
Pues el desorden, la injusticia, la inseguridad, la sanies, el crimen, no pueden dejar de ser la base de cualquier sociedad de veras.
Sería el fin del reino de los acaparadores, de los aprovechados, de los iniciados, iniciadores, pedantes y otros chulos (8) de una conciencia perpetuamente infantilizada.

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