31 dic. 2011

La Doctrina caliente


Nada de ortofotografías de miles de páginas. Tenemos que convencer a medida que esto se va gestando, que lo que le rodea es un paisaje psicológico. Donde prevalecen las impresiones que causan las cosas y no tanto una descripción precisa del lugar puesto que es tarea absurda. El paisaje es psicología. La casa es psicología y aproximación a la impresión del recuerdo de lo pensado sintiendo el ahora.  Como si fuera un laboratorio de pruebas pensadas o el lenguaje como una ecuación especifica a cada reacción. Si velamos durante todo el tiempo por esto no tendremos que poner fotos a nuestro pasado. Nos envolveremos en un tumulto de emociones y daciones de una mente que recrea cada momento como un momento único venga del pasado o del futuro o siendo presente, como un presente polimorfo, absoluto y anterior al big-bang. Algarabía, caos y una canción repetida una y otra vez sin ser la misma.


Como siempre el ciprés que nos regala una sombra ridícula pero intelectualmente, visualmente rica de dolor y de un saber que se alarga. Por ende veo crecer los cipreses a mí alrededor.

La Doctrina caliente

Incapaz de poder en tanto que se trataba de una idea periférica. Un grafismo, una flecha señalaba la parte del cráneo que parecía ser el origen.
En tanto que a su debido tiempo todo deje de ser un principio a la espera de una catástrofe. El  espesor del cristal protegía contra el frió que imperaba fuera. La baliza y lo demás, aunque no creo que una caja de cristal sea forma de protegerse no había otra cosa. Juzgamos mal las ideas y el resultado material de estas. No es tanto el frió imperante lo que hace de esta descripción un lugar como una caja de cristal lo suficientemente grande para albergar a una persona a una cama y una silla. Creo que el entorno al que me refiero viene dado de la mano de un bosque que no lo es tanto o quizás un terreno amplio en las cercanías del bosque. Con un aire polar y las ramas cargadas de la helada del amanecer la respiración es necesaria para impedir que el cristal se congele y acabe sucumbiendo en un quejido de cantante de ópera. Existen los países tropicales. Existe una calle bulliciosa donde poder sentir a la gente metidos en sus gruesas ropas comprando comida en puestos ambulantes. Comida caliente que emana vapor caliente en toda la napia. Respiremos ese aire caliente. Existe una mesa de madera maciza  iluminada por una anaranjada luz. Habiendo una papaya en la mesa  reposando. Alguien la hace girar y la observa apoyando la barbilla en la mesa. Paralaje completa lo anteriormente dicho y añade otra capa más con las que revestir nuestra identidad narrativa. Una proclama en toda regla: “No te canses chaval”. O por lo menos no te contamines de lo que no es. 
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