12 abr. 2009

Establishment

Establishment Explorar desde la estética periclitada de la mesa de ping-pong, eso es lo que hay que hacer en verano sobre las siete de la tarde. La vieja mesa está cambada, abombada y sucia, pero te lo pasas bien y te exageras a ti mismo haciendo énfasis en lo bueno que eres golpeando la bola, haciendo efectos y mateando, te dices ser algo durante el partido, das cuenta de tus victorias y remontadas épicas, pero no dices gran cosa de lo otro. El partido acaba y bebes agua. Has jugado bien, o no tanto. Has sentido cosas, como atascamiento de la progresión de tu juego, lo que te ha hecho jugar con poca seguridad, es posible que tu juego te haya aburrido, pero no pasa nada, el otro tenía peor día y le has aplastado. Ambos contrincantes bebemos agua en la cocina, pero tú vuelves a la terraza, al campo de batalla donde disfrutas matando las tardes. Hay un aire como de decadencia, pero de tipo dulce, como en La Habana, y miras las amplias vistas de la cuidad. El sol se agacha ya. Sobre la mesa de la terraza descansa un teclado Casio modelo CTK-50 y aprietas las teclas jugando, le das al power off y pones las melodías más molonas que se incluyen en la memoria. Están: cumpleaños feliz, la cucaracha, para Elisa, etc.… Ya lo dominas un poco más y lo enchufas a los enormes altavoces que tu imaginación quiere ver, son mas grandes de los que tu inventiva imaginaba pero no los vas a devolver. Ahora llevas el pelo hacia atrás, gafas modernas, una chaqueta de plata con un pantalón negro de látex. –musilina- http://www.youtube.com/watch?v=VXa9tXcMhXQ Tocas algo suave, le añades efectos electro mágicos repetitivos con frases en otros idiomas, que suenan con voces robóticas como “ein recht bestchrÄnkter Eingensinn” (una testarudez verdaderamente limitada, obtusa…) una es en francés y la dice una voz femenina que susurra sensualmente al oído de todos, laissez faire! Repite una y otra vez, otra dice, “melodie ist das sinnlichen leben der Poesie” (“la melodía es la vida sensual de la poesía”). Las frases suenan como un sermón para trabajar la cohesión de grupo, eso siempre te gustó. Ya tienes dos espectadores, una es la señora del edificio de enfrente que al oír la música se asomó bien preparada con un cojín para poder apoyarse y disfrutar cómodamente desde la ventana; el otro es un chico de otro edificio que pasaba por el balcón y al verte tan maqueado se quedó encadenado al ritmo de la música y a las emergentes pantallas de technicolor que mostraban secuencias de todo un poco, bien servidas, bien rápidas. Ya tenías el foco encendido sobre tí y el humo te rodeaba, las ventanas estaban llenas de gente que miraba hipnotizada al láser y se perdía en los acordes del teclado. En el suelo algo te distrajo por un momento de tu música, era una pelota de celuloide como todas las pelotas de ping-pong, la miraste y con tu mirada láser la prendiste un poco y ardió rápido, soltando un humo de color, que vino seguido por un espasmódico aplauso de una masa que estaba atónita ante tanta calidad. La siguiente parte del espectáculo se centró en la fortaleza de los robots y la tecnología como un salvoconducto espiritual para raza humana, rezaba la letra. En las pantallas se podía ver la siguiente inscripción: El que no está conmigo está contra mí y el que conmigo no recoge derrama. (Lucas 11:23) La gente salía en colas ordenadas a la calle siguiendo tu impronta, así se lo pedía la música, y se arrojaban al mar tranquilamente como si fueran lemming. Bienaventurados los que escuchen tu música: porque ellos serán llamados hijos de Dios. Se podían ver enormes colas de gentes que surgían de todas partes de la urbe marchando ordenadamente, rumbo a donde termina el mar. ¡Grandioso! Ya había tantos cadáveres en la orilla que las nuevas oleadas de elegidos tenían que caminar mar adentro como cuarenta metros para poder morir en tranquilidad. Pasó que pasara un señor por el paseo marítimo y viera todo aquello y se dijera para si mismo que nunca había visto la playa tan hasta los topes como hoy, mientras se unía a una de las muchas filas que cerca de él había. Seguías tocando buena electro música religiosa un poco más machacona y rápida. Ahora ya no había nadie en las ventanas pues todos se habían ido al sacro encuentro del mar y su muerte, pero podías aún desde tu plataforma de gran líder ver el cojín de la señora. El teclado Casio funcionaba extremadamente bien. Miles de personas, miles todos juntos en fila. Ahora le pedías a la masa informe que construyera una escalera mecánica de doscientos metros para que subieran ordenadamente y se tiraran por un acantilado desde ésta. El teclado estaba caliente y tus manos estaban enmudecidas, te dolían. Te prestaste presto para tocar al revés pues la orgía no había llegado a su fin, ahora pedías que se levantaran del fondo marino y volvieran marcha atrás proponiendo simultáneamente el conformismo y el cambio. Así se hizo, palabra del señor. Por toda la ciudad se veían gentes que volvían a su casa marcha atrás aún un poco ahogados y mojadas las ropas. El sol estaba saliendo y ya habías dejado de tocar. ¿Los restos de la dominación dónde estaban? Lo habías dejado todo cerrado, terminado, situada a cada hormiga en su lugar. Ya no había maquillaje. Tu compañero de ping-pong que se pasó toda la noche viendo la tele y navegando cayó en la cuenta de que desde ayer por la tarde no te había visto, se dirigió a la terraza donde te encontró mascullando y repitiendo: “¡Mí cometido esta hecho!!” - ¿De qué hablas? ¿Qué coño estabas haciendo toda la noche? La voz de Sergio rompió definitivamente mi estado de líder de masa y me reincorporé de manera rápida diciendo: - Nada, aquí, tranquilo ¿jugamos un partido de ping-pong? - Vale, voy a por las paletas, tú busca la pelota que estaba por el suelo ayer.
John Table.
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