12 may. 2009

Semen y antropología con Marvin Harris.

Nada de poesía, ir al núcleo de las cosas. El mar empequeñece al barco ballenero que lucha entre las olas y las peligrosas corrientes que les pueden aplastar contra las rocas y hacer trizas toda la masa de huesos y carne de los intrépidos cazadores de ballenas. Son valientes y nadie lo pone en duda. Un arpón se clava en la espalda y atraviesa con gran dolor al animal hasta que la carga explosiva que se aloja en el núcleo de las cosas explota y mata por fin a la ballena. Arriba el capitán mira todo desde su atalaya y como si se tratara de una cuchillada que se lanza contra alguien de manera sorpresiva directo a la yugular, una línea de sangre caliente en gotas llena su cara. El animal es subido por la plataforma para su posterior despiece, en la cubierta los hombres están impacientes y ávidos de carne apuraban el afile de cuchillos. El capitán esta ahora con los chicos contemplando el espectáculo de tripas, grasa y el vaivén de las olas con el sabor en la boca de las cosas bien hechas. Pronto como mandan las normas, alguien separó la enorme polla del cetáceo para ofrecérsela al capitán que con gran energía levanta el miembro de más de cien kilos sobre su cabeza acompañado de un enorme grito que es repetido por todos y cada uno de los componentes de la tripulación. Mientras el enorme océano se lleva a escondidas sus voces. La llegada a puerto está marcada por otra vieja tradición vinculada, como no, al pene de ballena. El capitán se dirigirá arrastrando el pollón hacia su hogar y entrando por la puerta de la cocina que abrirá de una patada donde la esposa le tiene que esperar preparada para la cópula. Sin decir palabra el capitán romperá con el pene de ballena la mesa de la cocina que él mismo construyó meses atrás antes de la partida como un acto simbólico, dando por terminado una parte del continuo ciclo de destrucción construcción. Una vez que la mesa queda bien rota el macho debe acercarse a la esposa y romperle la ropa de un solo y salvaje gesto, y ésta, al verse desnuda y terriblemente excitada ante la descarga viril de su dueño y esposo se lanzara a chupársela, lamiendo con inmensas ganas la tiesa y dura polla. La lengua ha de comportarse como una toallita hidratante que deje bien hidratada una superficie seca; deberá también tragársela por completo sin olvidar mirar a los ojos del macho, que se verá obligado a dar unos terribles aullidos de placer que dejaran ver en su cuello las grandes venas que se agitan bombeando sangre por todo el cuerpo. En estas primitivas culturas las venas marcadas en el cuello son recogidas como señal de virilidad. La fase final del ritual será la consagración sacro religiosa que viene dada por la puesta del pene entre la nariz y la frente, donde en suave reposo debe permanecer mientras expulsa el semen que ha de resbalar por la cara de la hembra. En este punto el macho dará gracias por volver sano y salvo una vez más a casa dando así por concluido otro ciclo vital de la vida de los pueblos balleneros. John Table
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