
Como crítico de arte se interesó más que nada por las complejas impresiones producidas por una obra de arte, y ciertamente, el primer paso en la crítica estética es comprender las propias impresiones. No le interesaban las discusiones abstractas sobre la naturaleza de lo bello, y el método histórico, que diera desde entonces tan rico fruto, no perteneció su tiempo , pero Wainewright jamás olvidó la gran verdad de que la primera llamada del arte no va dirigida al intelecto ni a las emociones, sino puramente al temperamento artístico, y señala, más de, una vez que este temperamento artístico, este << gusto>>, como le llama, siendo guiado y perfeccionado inconcientemente por un contacto frecuente con las mejores obras, se vuelve finalmente, una forma de recto juicio. Desde luego, hay modas en el arte como las hay en el vestir y quizá ninguna de nosotros pueda sentirse nunca completamente libre de la influencia de la costumbre y de la novedad. Waibewright por cierto, no podía lograrlo, y reconoce con franqueza cuán difícil es formarse una valuación justa de una obra contemporánea. Pluma, lápiz y veneno, Oscar Wilde.
Dibujo, John Table.