22 jul. 2009

Los amigos

Un joven orfebre de París reclama a la virgen del Carmen como un trofeo de caza, producto de sus manos. La baja del altar ante la mirada perpleja y la rabia de los envidiosos feligreses que no pueden dejar que se la lleven. La cacería con el halcón cerca del aeropuerto diría alguien. El muchacho se precipita por las calles y se percata de las arrugas que se forman en los brazos del infante, cada detalle hacia afuera desde la belleza de las aportaciones personales, en eso reside se dice a si mismo mientras coge una bocanada de aire. Los devotos son fieles y corren detrás del artista, es un orfebre gótico, sesea- tal vez sentía demasiado respeto por la narración bíblica. Un maestro florentino crea una ilustración donde plasma a modo de viñetas la carrera de caza del joven orfebre perseguido por la multitud embravecida. Permanece colgado en una iglesia que con los años olvido el sentido de la narración en tanto el joven corre y corre para escapar. La multitud son muchos, quieren a la virgen sea como sea, algunos portan armas otros se acomodan a los tiempos cargando sus pistolas automáticas que tronchan de risa la carne. La violencia en el suburbio es de quemar violadores mientras lo graban con el móvil. Las calles no están asfaltadas y las favelas son un laberinto- Estoy de acuerdo con usted. Las mujeres culonas se asoman a ver que pasa, posiblemente ellas son las que mandan y motivan al personal a perseguir al joven. Los callos de las mujeres culonas son la planta entera del pie donde le precede una sandalia de plástico belicoso. ¡ A la guerra! ¡Muerte al orfebre! ¡Viva la virgen del carmen! ¡Viva! Para escultores y tallistas, la supervivencia de la tradición gótica en la nueva forma que le otorgo Rogier Van der Weyden orfebre y escultor fue de particular importancia. Las calles se vieron llenas de gente que hostigaban a los legítimos dueños de la fe, cargaban a sus espaldas a las vírgenes para poner pies en polvorosa muy lejos de la iglesia gritando el nombre de su mártir, ¡Tenemos derechos! –Decían-¡Son nuestras estas vírgenes! En las calles de Honduras se vieron muestras del buen uso de las armas pues bastaba que alguien se acercara a tocar a la virgen, quizás para rogarle por la salud de su hijo que recibía un tiro en la mollera por si acaso. Todo el que se interesó por el renacer de la cultura llegó acostumbrarse a dirigir su mirada hacia algún poblado chabolista o una zona de bloques de las afueras donde se dice que se destila el mejor vodka. JOHN TABLE
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