23 abr 2016
21 abr 2016
19 abr 2016
La pesca de la trucha en la calle de Eternidad
El estudiante de tercer año de ingeniería en la Universidad de Montana sacó la lata y troqueló un complicado dibujo de agujeros sobre el metal. Los agujeros dibujaban círculos cerrados sobre sí mismos, como un perro con una manguera de incendios en la boca.
Luego ató un cordel a la lata y se puso una enorme hueva de salmón y un trozo de queso suizo en la lata. Tras dos horas de fracaso íntimo y universal regresó a Missoula, Montana.
La mujer que viaja conmigo descubrió la mejor manera de capturar las carpitas. Utilizó un cazo grande que tenía en el fondo los restos de un remoto flan de vainilla. Puso el cazo en las aguas poco profundas de la orilla y de inmediato se congregaron centenares de carpitas. Luego, hipnotizados por el flan de vainilla, entraron como una cruzada infantil en el cazo. De una cazada obtuvo veinte carpitas. Llevó el cazo lleno de peces a la orilla y la niña estuvo jugando con dos pececitos durante una hora.
No perdimos de vista a la niña para asegurarnos de que sólo abusaba un poco de ellos. No queríamos que matase ninguno, porque era demasiado joven.
En vez de hacer un ruidito peludo, se adaptó enseguida a la diferencia que existe entre los animales y los peces (?) y pronto empezó a hacer un ruidito plateado.
Atrapó uuno de los pececitos con la mano y se quedó mirándolo un buen rato. Le quitamos el pez de la mano y lo volvimos a meter en el cazo. Al cabo de un rato, ella solita volvía a meterlos en el cazo.
Al final acabó aburriéndose. Volcó el cazo y una docena de pececitos cayó en la orilla entre aletazos. Juego de niños y juego de banqueros: una a una iba recogiendo aquellas cosita plateadas y las devolvía al cazo.
Dentro quedaba un poco de agua. A los peces les gustaba. Te dabas cuenta.
Cuando se cansó de los peces los devolvió al lago, y estaban todos vivos, pero nerviosos. Dudo mucho que vuelvan a querer flan de vainilla.
Richard Brautigan, La pesca de la trucha en América.
31 oct 2015
Bolas perfectas que nadie construyó
Los necios llamaban
Los necios defendían la paz sosteniendo el brazo armado del
dinero.
Más allá de la primera duna, los enfrentamientos proseguían.
Garras de animales quiméricos hundidas en las carnes, el Cielo lleno
de acero y humos, culturas enteras extirpadas de la Tierra.
Los necios combatían contra los enemigos de hoy avituallando
a los de mañana.
Los necios hinchaban el pecho, hablaban de
Defendían la civilización de sombras chinescas de dinosaurios.
Defendían el planeta de simulacros de asteroides.
Defendían la sombra chinesca de una civilización.
Defendían un simulacro de planeta.
26 ago 2015
20 ago 2015
18 ago 2015
15 ago 2015
31 jul 2015
29 jul 2015
27 jul 2015
25 jul 2015
"Haya luz" y hubo luz oscureciendo la nombradía de aquél.
Daimonización en Stevens
Wallace Stevens
15 jun 2015
Estirpe manufacturera
Tened preparo el ariete, esperanza redentora
Sed ateos de la mercancía dijo la estirpe de los manufactureros.
Manantial, sed tengo.
31 dic 2014
23 dic 2014
Ecolalia
Pensamiento/silencio/sonar de murcielago dibujando el mapa de la vida: Hermanos que encontráis bello cuando os viene de lejos...ecolalia.
Boca/sonido, habla: Hermanos que encontráis bello cuando os viene de lejos. Ecolalia.
3 jun 2014
21 may 2014
20 may 2014
Prositus contemplativos, desdén multitudinario, umbral paco.
Caminamos en círculo en la noche y somos consumidos por el fuego
Salir a la calle y disparar se ha convertido en una práctica tan común que ya no podemos imaginar el silencio. Escudados tras maletines y portafolios, siguiendo más el color de la flecha que el concepto, nos creemos en nuestro paseo urbano, como un zapping que siniestramente descubre la misma obnubilación detrás de cada recodo. También nos creemos inofensivos. Pero aunque no somos responsables de esa proyección de nosotros que poco a poco terminaremos tomando por más real que nuestra propia vivencia (será toda nuestra vivencia), participamos efectivamente como receptores en la formación del modelo. La inocencia que supone toda iluminación es hoy fulminada antes de haber podido ser experimentada. Si convenimos en que la evocación, que no metáfora, con que emprendí este texto, ha de ser comprendida como reprensentación de sí misma y contextuada por tanto dentro de un juego de lenguajes ( para qué ser artistas, si pudiéramos ser asesinos), cada uno de nosotros se halla en este terreno armado hasta los dientes y cada uno de nosotros es extremadamente vulnerable. Las calles de las ciudades modernas, y cualquier cuidad lo es hoy, están llenas de proyecciones del deseo que sólo conservan la estructura ósea del signo: su referencia a otra cosa. La búsqueda de una relación natural con el mundo, no mediada por la coerción del signo, se ha realizado en una relación no mediada con el signo, y en este marco existencial, definido por un rectángulo perfecto, se desarrolla en tres dimensiones la más fabulosa escabechina.
El corpus más abundante de imágenes que pueblan nuestra experiencia, y el que produce ejemplos más impresionantes, no procede de la vida cotidiana, sino de un mundo de ideas no conceptualizadas del que extrae sus motivos la publicidad. Pueden distinguirse dentro del discurso publicitario numerosos recursos, juegos y estrategias que fueron las vanguardias artísticas las primeras en poner en escena. No aludo tan soló a prácticas formales, como el feliz acomodo que el collage y el fotomontaje han encontrado en las marquesinas de los autobuses o la manipulación sistemática del lenguaje codificado mediante descontextualización y utilización de eslogans. Voy incluso más allá de señalar una suerte de deriva impuesta en la suceción de motivos fragmentarios y en la modificación permanente del decorado urbano que introduce múltibles grietas en la realidad cotidiana: cada día tenemos que buscar el portal de nuestra casa entre imágenes cambiantes, hoy en unos pechos que recuerdo, quizá mañana tras una dentadura perfecta.
Y mi única finalidad al decir lo anterior ha sido incorporar la desesperación humana, sin la cual nada puede abonar aquella fe. Es imposible afirmar la primera y negar la segunda. Quien finja tal fe sin verdaderamente experimentar esta desesperación, no tardará en adquirir, a la vista de los avisados, el perfil del enemigo. Enemigo que habita al salir a la calle con un revólver en cada mano y, a ciegas, disparar cuanto se pueda contra la multitud. Quien nunca en la vida haya sentido ganas de acabar de este modo con el principio de degradación y embrutecimiento existente hoy en día, pertenece claramente a esa multitud y tiene la panza a la altura del disparo.
12 may 2014
3 abr 2014
28 ene 2014
La sombra de un Palo
31 dic 2013
Jacinto en las bocas de Alfeo
- ¿Recuerdas?
No- ¿De veras?
- No
- Un perro al que le abrí la boca con las dos manos para ver sus colmillos justo cuando detrás miá ardía la casa en las proximidades del charral
- Recuerdo el bosque y el Nogal en el que clave la imagen de San Geronimo
- ¿Qué bosque?
- Una noche llegue a casa y degollé a los perros, su sangre caliente pude sentir
- No
- No lo sé pero tengo un sin fin de hojas viejas amarillentas llenas de manchas de humedad, creo que debemos narrar sobre estas o dejar caer gotas de sangre para cuando llegue el verano y me sangre la nariz
No- Si
- Las galeras y todo eso, podemos retirar los escombros y ver que ha quedado del sótano
- Mi cara esta sucia por culpa del plástico que quemamos ayer
- Lavate, se me ocurren las palabras “fecundo manantial de aguas trampantojos”
- ¿Y el viraje?
- No recuerdo, te estas plegando te noto
- Mira dejate de bobadas sera mejor que nos alejemos de aquí, ¿que habrá sido de mamá pasa?
- Ejercicio de voluntades aprendidas dice la sociología pero la cara de mamá y tu idea de que mamá fuera nuestra pasa seca me encanta, deliberadamente un plato blanco y una uva en el centro dejada al sol y eso... fotos de nosotros por debajo de madre agarrados a sus rodillas seguido de cerca por fotos de nosotros altos arropando a una pequeña madre con los pies hundidos en la tierra echando raíces en un suelo de flaquezas.
- ¿Es algún tipo de consuelo?
- No, pero albergo algún tipo de gilipollas dentro de mi, acuérdate que solía afirmarme en la idea de “Por un cerrojo, un mundo” y ahora que no tengo ni cuarto ni puerta me siento igual con los pies calientes como sobre la moqueta
- Esas botas son buenas no te quepa la menor duda
- ¿Es un páramo o un bosque?
- ¡¿No era un charral?!
- La casa era una cabaña de madera y el perro un chucho
- Ya. Y el humo era oscuro y visible a kilómetros.
- Madre era polaca
- ¿Polaca madre?
- ¡Amen de amenes!
- ¿Lo dices por las fotos?
- Si, todo tenia luz de industria metalúrgica. Un flujo ardiente de metal fundido que no paraba de dar algún tipo de mortecina luz.
- Vale entiendo la parte de llevar gafas de soldador. El resto me suena extremadamente vocinglero. Pero esa es la luz de tu recuerdo, tan solo la luz de tu recuerdo. No quiero agazaparme ni charlar más.
29 dic 2013
3 dic 2013
«Asmo» - remenber? - no
14 jun 2013
Major Tom
En la plenitud del día, el tiempo se fragua. ¡Boom!
El tiempo que se fragua. La voz.
Sucede, a veces. La mirada puesta entre los matorrales: estos se mueven en sonoro estrépito; al rato, todo cesa. El erizo corre a refugiarse dentro de una vieja madriguera; está completamente empapado. Una vez dentro, sacude su cuerpo. Al rato se siente seco y tranquilo. Muchas ramas que te tocan y te arañan la piel. La ropa hecha jirones. La emboscada al caribú. La rama que cruje.
Se bajó de la mesa. —¡Bájese de la mesa! —le reiteraron. Mis ojos. Se calzó las botas antes de bajarse. Salió de aquel lúgubre cuartucho y se incorporó al camino de tierra que pasaba cerca de la casa. El lugar: un escenario mínimo, mentalmente plano. Dos árboles, una casa, una brizna de aire caliente, un billón de billones de cereal seco. Entre milla y trigo, la espiga le entró en el ojo. La tierra enfundada en un satén amarillento cargado de pequeños pliegues, como un paño colgado en la pared, sujeto por una oxidada tacha. Un debate interior. Exequias. Se quedó quieto, destruido por lo monótono de aquel lugar. Miró la sombra del ciprés acrecentarse. Pensó nuevamente en la mesa y sintió cómo sus ojos se estaban secando. ¿Habría algún río cerca?
Apoyó su espalda contra un pedrusco para quedarse dormido y soñar con un gigantesco río de aguas turbias, donde se yergue el sauce llorón a lo largo y ancho de los márgenes. Soñó con un río que conocía.
Una nulidad que hace que veas un fondo azul donde explota un cohete. Tres caras manchadas de carbón. Existen tres tipos de fuegos; la hoguera es uno de ellos. Vemos cómo se derrite el cristal y se encamina, saliendo de la nave río abajo. La mesa se cae. Se arriban las llamas. Una cuerda amarrada a una de las patas de la mesa. Alguien tira de esta y la pata cede —arrancada de cuajo—. La montañita de arena que estaba en la mesa se la llevó el viento. Grano a grano irá a parar a un alto horno. ¿No es eso?
¿Extemporáneo? Granos arrastrados por el viento, uno a uno, llamados en una cierta acumulación que se produce en algunas esquinas: arena. Procede anular este sistema. El grano. El trigo. La llanura. Las ramas. A expensas de las metáforas no se puede vivir. No podemos cargar de significados a las metáforas de las metáforas. Capas de fango metafórico, capa a capa; lodo, trigo y saliva. Una visualidad exquisita. El desierto se mueve. El sonido del desierto.
—Major Tom —Muchacho, coge tus botas, póntelas y camina. Ya no habrá dualidad que valga. No habrá buenas metáforas, ni mucho menos una alta lógica en todo esto que dices y narras. Empuja un poco, te digo. No eres tú. Acepta no serlo y, ya sabes, hazme caso: quítale las tachas al diccionario por aquello de... ya sabes, no quiero repetirme. Ve a ese río que conoces. ¡Báñate, compañero, es un sueño tan real! Déjate llevar por la corriente río abajo, como ya lo has hecho: flotando, mirando el cielo azul. Que las ramas de los sauces te arañen. Sal del río cuando gustes. Estarás más abajo. ¿Recuerdas esa llanura que no estaba donde estás ahora? ¡Junta esos dos mundos, maldita sea! Tú, saliendo del Nékar y entrando en esa llanura en la que dejaste el viejo escritorio y una silla. No vale la pena darle alma a la piedra. No lo hagas con un programa de vídeo. No juntes esos dos mundos con un copia y pega. (Yo) Tú en el Nékar / Tú en la isla. Digo que lo hagas. Ve, sal del río; no importa que la bicicleta se nos quede atrás. ¡¿Tu bicicleta se llamaba “Crótalo Diamantino”?! ¡Qué hijo de mala perra eres! Ve a sentarte al sol junto al escritorio, en la llanura. ¿Te notas cansado? Estás tiritando. La blusa azul pegada a tu cuerpo. Despréndete de ella. ¡Recuerda que tienes arena en el bolsillo! Sí, esa misma arena que sacaste del fondo del Nékar. Nada de separaciones abstractas, nada de sujeto y objeto: estás metido de lleno, sentido y realidad. Estás empapado por el río, como lo estás en la llanura donde luce un sol espléndido; ¡es la arena del río, de veras! ¿Que cómo llegó hasta aquí? Ni idea. ¡Ponla encima de la mesa, por el amor de Dios! ¡Hazlo, rápido!... ¿Qué te pasa, ya no recuerdas? El cuerpo, el pelo, la arena... ajados por el sol. Al rato comenzaste a soplar como quien lo hace sobre una tarta llena de velas, quedando apenas tres granos oscuros. La llanura que está cerca de la finca, en el barranco, a unos tres mil kilómetros del Nékar. ¿¡Te tengo que recordar todo!? Tú, con tus bobadas del escritorio que te compraste y dejaste en esa llanura con una silla. Decías que no significaba nada. ¿De dónde dimana esto?
—Major Tom II —Nunca dije que no significara nada. Fue algo rutilante. De ver. De ver si puedo creer en que se puede estar probando cosas. La llanura, la mente, idear cosas, esclarecer cosas... y lo extraño de todo esto. Recuerdo lo que pensé sobre el escritorio y todo ese rollo de la llanura. Y cómo devino todo en un proceso que salió hacia afuera, en una demarcación concreta, en un tipo de oxímoron. Grito silencioso. Dije que entendía parcialmente el significado de lo que hacía, pero que no quería darle más fuerza de la que tenía. Que veía lo absurdo de lo que se estaba llevando a cabo, sin sentir profusas contradicciones. El escritorio y el lugar que ocupa en relación con el lenguaje escrito. ¿Cómo se quedan en la mente esos pensamientos no escritos? Vuelvo al escritorio y plasmo cosas. A veces miro libros, facturas... no sé. ¿Qué ha de significar, acaso? Mi mente sigue. Vuelvo, por ejemplo, a aquel pensamiento que se erigió en las aguas del Nékar. Cada uno triste y peleado. Paramos el coche en el arcén. Caminamos y vimos charcos llenos de renacuajos, y volvimos a sentir equilibrio valorando tal cosa: el fango... el agua encharcada, en donde se apelotonaban cientos de renacuajos que asomaban la carita y abrían su boca (...) Inmersos como estábamos en observaciones de una densidad gelatinosa, los campos de cultivo parecían recién arados. Llegué a beber su agua. Mi piel sin nostalgias. Qué bueno que pueda charlar contigo a viva voz. El papel blanco con tanta luz da mucho la lata. Luego se mezclaron; una quiso matar a la otra, luego se mezclaron o algo de eso. A los pies de una escultura de plástico que anuncia ser un verdadero profeta. Una especie de arenga...
—Major Tom —¡Basta! ¡Basta! ¡Silencio! ¡Vuelve a esa llanura! ¡Vuelve al río! ¡Dame un beso!... Coge el martillo y haz añicos todos los cristales, todos los espejos. Rompe la puta mesa, haz que arda. No es un juego de purificación; no se trata de desapegarse. Se trata de superar el desapego simbólico; a lo sumo es eso. Se trata de ver el fino valor que tenemos que adherirle a la metáfora, para luego renegar de su pringoso contenido. Te digo que quemes el escritorio como te digo que no lo hagas... o, por lo menos, que no sean letras. ¿Qué dices? ¿Qué podrías tirar en la misma hoguera unos cuantos álbumes?... Me parece una idea genial. Pero ya sabes: nada de simbolismos cutres. No estás quemando el pasado, ni mucho menos. Tan sólo te veré quemando unas fotos que jamás tuvieron realmente fe. Las fotos no tienen fe en la vida. La noche llega y las brasas te darán calor. Ahora comienzo a reconocerte, por fin comienzo a sentirte. El sol, la piel resplandeciente, el Nékar, la llanura y la mesa... las ramas, las botas, el caminar, los cristales, la poltrona. Como queriendo aplicar una condición unitaria que no llega. ¡Sí, todo eso! ¿Qué dices a todo esto, mi querido agrimensor?
—Major Tom II —Soy yo, hijo de la rama que se rompe y de la mesa de tres patas; hijo de un yo que no se percata de que la rama se rompe y que se sabe en las cercanías del árbol, mirando hacia los matorrales. Ahora comprendo que la mesa ha permanecido demasiado tiempo a la intemperie... Ahora sé quién fue el que amarró una cuerda a una de las patas. —¡Fui yo!— Fui yo el que tiró de la pata carcomida y la arrancó de cuajo. Fui yo el que no grabó ningún vídeo sobre todo esto.
Una feroz intuición dirigida hacia cómo suceden los hechos. Replicantes que se sitúan bajo una cristalina capa que revolotea, que se endurece con la metáfora: el dualismo, los sensores térmicos, el diccionario, la vanguardia, el reloj (...) Para luego volver a decirnos que, para nada, podemos entender. Ha venido para quedarse y su espesor ha crecido. De tal forma que volvemos a comenzar sin sentir la sucesión de capas adheridas. Nos deberíamos vestir —vestidor— todos los días con esas ropas confusas. Besos grises.
Una fuerza que ha contribuido a olvidar. La inscripción que nos advierte que todo es verse en el barniz. Forever.
31 dic 2012
La mala luz- no está nunca muy lejos.
Hay razones para el pesimismo, pero por eso es tanto más necesario abrir los ojos en medio de la noche, desplazarse sin descanso, ponerse a buscar luciérnagas.
Georges Didi-Huberman. Supervivencia de las Luciérnagas15 dic 2012
21 nov 2012
Franchutes de mierda, auténticamentes falsos
29 oct 2012
30 sept 2012
masa << lumínica >>
6 sept 2012
5 sept 2012
Disculpe una vez más que mi carta sea tan corta
- Sentirme ser, el feto que habita en la montaña, acurrucado en una seca y pequeña cueva.
John Table
6 ago 2012
Cumbres inmediatas - Contra la primacía del futuro sobre el presente-
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<< Mañana será otro día >>…,
Que debe de ser hoy, ¿no?
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