18 mar. 2009

No es más que un fragmento y un pequeño homenaje a todas esas ideas que están en fase de y no se sabe que ni para que y luego encuentras un motivo. Libro: El secreto de Jou Gould El gran Joe Gould : El reportero es sureño, y se pasa buena parte del tiempo añorando el Sur. Se considera un exiliado del sur. En un tiempo ha sido creyente, baptista fiel, pero ahora es agnóstico. De todos modos tiende todavía a ver las cosas en términos religiosos y a menudo ve la ciudad como un infierno, una gehema. Esta enamorado de una chica escandinava que ha conocido en el ciudad, y es tan diferente de los muchachas que ha conocido en el sur que le resulta misteriosa, como misteriosa le resulta la cuidad, en su mente la chica y la cuidad se mezclan por completo. Hoy es su día libre. Desayuna en un restaurante del mercado del pescado de Fulton y luego, rondando por los lugares de la cuidad que conoce mejor poco a poco va subiendo en el mapa. En su vagabundeo se encuentra una y otra vez con hombres y mujeres que para él representan diversos aspectos de la ciudad. Sube por la Fulton street, atraviesa el cementerio de Sant Paul , se mete por ciertas calles del East Side inferior , luego por ciertas calles del Village , luego va a la zona de los teatros y luego a Harlen. Tarde por la noche, en Lenox Avenue, se une a un grupito de hombres y mujeres, blancos algunos, otros negros, que acaban de salir de un club nocturno y han formado un circulo en torno a un predicador callejero negro, él ya ha visto al hombre horas antes, predicando en una esquina de la zona de los teatros, pero no le ha prestado atención. Ahora escucha. El viejo conoce la vida y usa expresiones y argot neoyorquino actuales, pero también buena cantidad de antiguados giros sureños, de esos que usa sobre toda la gente del campo , y el joven reportero comprende que el viejo es sureño y ,como él , un sureño campesino. El sermón es apocalíptico. Hay en él advertencias y profecías terribles, hay frases tomadas de antiguos, sangrientos himnos baptistas y hay numerosas referencias animales, flores y frutos bíblicos: a las cabras salvajes de las rocas, las granadas del cantar de los cantares y los lirios del campo que viven sin trabajos ni ajetreo .Están la serpiente, la gran prostituta de Babilonia y la zarza ardiente. Como los predicadores baptistas que el joven reportero escucho y a quienes se esforzó por entender en su infancia, el viejo ve significados dentro de los significados, o cree verlos, y hace lo posible por explicar qué <<>> las cosas <<>>, dice , ahuecando las manos en el aire , hablando con tal exactitud que se hace evidente que hace mucho tiempo , en el Sur, conoció las granadas por experiencia propia. <<>>. El joven reportero pensaba quedarse sólo unos minutos pero la retórica del viejo lo ha inmovilizado. Aunque le parezca que ha sido cien veces, lo tiene en trance. El viejo les recuerda a los evangelistas fanáticos que tanto poder tenían en el Sur durante su infancia e iban de pueblo en pueblo celebrando ritos de renacimientos en grandes tiendas de campaña. El les temía y los odiaba (su reputación se basaba en los atroces descripciones que hacían del infierno, cuanto más atroz la descripción y mas violenta el sermón, mejor se consideraba que eran el evangelista), pero de todos modos le dejaron un gusto perdurable por lo críptico, lo ambiguo, lo mágico, lo inconexo, lo extravagante, lo oracular y lo apocalíptico. Se descubre sacando de las afirmaciones del viejo retorcidas conclusiones que encuentran alguna correspondencia con su propio con su propio estado espiritual. <<>>, dice el viejo, <<>>. Escuchando eso, al reportero se le ocurre que no es el Sur lo que él añora sino el pasado, el pasado del Sur y el suyo propio, ninguno de los cuáles existió nunca de verdad en la forma en que la nostalgia se los ha traído a la memoria, y que ya es momento de salir del pasado para entrar en el aquí y el ahora; es tiempo de crecer. Cuando el sermón acaba baja a sus barrios sintiendo que el viejo lo ha liberado y que ya es ciudadano de la ciudad y del mundo. Me había pasado casi un año pensando en esa novela. En cuanto no tenía nada que hacer, de modo automático me ponía a escribirla mentalmente. A veces en metro. Casi cada día descartaba algunos personajes inventaba otros .Pero lo cierto es que de hecho nunca había escrito una sola palabra. Con el correr del tiempo me habían absorbido otras cuestiones. Aun así, durante años había soñado con ella a menudo, y en esas ensoñaciones la había acabado y publicado y era capaz de verla. Veía la portada. Veía la cubierta, que era verde con letras doradas. Estos recuerdos me llenaron de vergüenza casi insoportable y empecé a comprender a Gould. Supongamos que hubiera escrito la historia oral, reflexione probablemente no habría sido en absoluto el libro que el había profetizado que seria por plazas y callejones, pues los libros, incluso los grandes y medios, y hasta los buenos y lo bastante buenos, son extremadamente raros .Probablemente, en el mejor de los casos, habría sido una curiosidad. Pocos años después de haber salido, se habrían encontrado ejemplares en los estantes de rarezas de todas las librerías de viejo del país. En cualquier caso, decidí que si de algo la raza humana estaba bastante provista incluso demasiado provista era de libros…………..
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