20 oct 2026

Alisador de superficies

 

no me creo que no veas que todo sigue unido, riss riss 

Derrotas, rostros, la fina piel, la piel de la pared. Los rostros sopesan hacerlo, pero lo hacen. A medida que se acercan, la pared se va debilitando, enflaquece: los ladrillos, la argamasa ceden. La pared ya no es más que una tela, y a ella han venido todas esas caras. Se acercan, vemos sus contornos, la geografía de las arrugas, siluetas perfectas, ecos. Son ellas, los derrotados y las derrotadas, quienes están ahí para hablarnos desde el pasado, para hablarnos al presente. La pared.

Qué lejos de ser un fenómeno misterioso. O quizá no tanto. Una especie de pareidolia historiográfica, tomar un café y escuchar, la derrota tuya y la mía. Bueno, sí, lo es. Refiere a programas de fantasmas, zombis y otros fenómenos arcanos: fantasmagoría materialista, alucinación de clase. Todo eso, sí. Los rostros como Angelus Novus, como libros e ideas, como la carne amoratada por la porra policial, por el esclavista, por el desahucio sucio, por el desgaste, por la mente agotada por la depresión pos-todo. La pared habla, y lo hace en un sentido materialista.

No sé si predecir que todo es una manta blanca en una casa rural, que alguien se acerca y juega con su silueta. La vaca no mira. El disparo de la escopeta lo llena todo de sangre y sesos. Otros miran siempre la foto, la foto contra la historia. No sé, maderas que crujen, papelitos secretos, queriendo un poquito más de imperfección. Como si pudiéramos ver icebergs salir del glaciar. O como si el glaciar pasara poco a poco por toda la ciudad, y nosotros caminando hacia delante, escapando de este, sin más.

Debajo, todo arrastrado, fondos marinos y submarinos haciendo el murciélago con escáneres de fondo, el fondo, los rostros como lápidas con algo de chispa. Por eso mismo, uno no debe saber si es pared, rostros cerca de la pared, observador de paredes fantasmagóricas materialistas. Todo eso, confusión y niebla con calor, ardor de seguir ganando.

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